• 2 de octubre de 2011
es

Encarnar la Compasión y Misericordia de Dios

Bruno y la Señora Hilda

«Si quie­res la fuente encon­trar, debes remar hacia Arriba, con­tra­co­rriente»

Karol Wojtyla, 2004.

Es un día sábado, y todo comienza tem­prano aquí en Val­pa­raíso. Para ser un grupo de jóve­nes, las 7am, un día sábado, es ’tem­prano’. Algu­nos llegan toda­vía en pijama y se cubren con una manta, otros se peinan y arre­glan un poco más. El lugar de encuen­tro es una pequeña pieza, con algu­nos coji­nes en el suelo. En el centro, una mesa de madera con una vela cubierta de rojo. A su dere­cha, una pequeña caja, donde se encuen­tra la Fuente de la casa...

Ahí están Can­dela, Manon, Bruno y Natan, cuatro jóve­nes extran­je­ros en nues­tro país, bebiendo desde tem­prano de esa Fuente, para sacar las fuer­zas nece­sa­rias para el resto del intenso día que les viene por delante...

¿Qué buscan ’hacer’? Nada... Sí, efec­ti­va­mente, cuando se les pre­gunta, ellos con­tes­tan que no buscan «hacer» nada, sólo estar, acom­pa­ñar, per­ma­ne­cer con quien se encuen­tren en el camino de este día sábado, por los cerros, en la calle o en la cárcel.

Pero... ¿qué buscan enton­ces? Buscan encar­nar la Com­pa­sión y Mise­ri­cor­dia de Dios. Así es, ni más ni menos que eso. Pero... ¿qué es esto, ’en con­creto’? Porque bajo una mirada pura­mente «humana», esto apa­rece como lo menos útil y prác­tico que hay en la vida.

Y lo que pasa, es que en un mundo malh­e­rido, com­pa­sión y mise­ri­cor­dia son valo­res total­mente ’a con­tra­co­rriente’. Hay que, lite­ral­mente, remar con­tra­co­rriente para poder alcan­zar­los, para lograr encar­nar­los, simple y sen­ci­lla­mente porque no son valo­res ’de moda’. Hoy se ha ins­ta­lado en nues­tra socie­dad, en los medios, en nues­tra Igle­sia, e incluso en lo más pro­fundo de nues­tro cora­zón, la moda del ’seña­lar con el dedo’ y del apun­tar... Y esto es posi­tivo en cuanto nos ayude a ver con mayor verdad y jus­ti­cia la rea­li­dad tal cuál es, en cuanto nos ayude a dis­tin­guir el bien del mal, en cuanto nos ayude tam­bién a ver qué es lo que hay de malo o injusto en mí, para poder cam­biar, y apor­tar a una socie­dad e Igle­sia mejo­res, siendo noso­tros mejo­res. Sin embargo, esta acti­tud ins­ta­lada en nues­tra socie­dad -e incrus­tada en muchos de nues­tros cora­zo­nes-, con­lleva la ten­ta­ción de que­dar­nos ’para­dos’ apun­tando con el dedo, escan­da­li­za­dos por el pecado, mal, incluso erro­res ajenos...

En medio de este mundo, y de los difí­ci­les momen­tos que esta­mos viviendo como Igle­sia, me resonó fuerte en el cora­zón la res­puesta de estos cuatro jóve­nes ante la pre­gunta del "¿Qué hacen? - Noso­tros no hace­mos «nada», sólo inten­ta­mos encar­nar la Com­pa­sión y Mise­ri­cor­dia de Dios"...

Reco­rriendo con ellos el Cerro Playa Ancha, fuimos cami­nando hacia arriba, aden­trán­do­nos cada vez más en la mise­ria de su gente, de sus hoga­res, de sus cora­zo­nes... Traigo en mi retina el momento en el que bri­lla­ron los ojos del Wladi, cuando vio a Manon llamar a su puerta... los gritos y aplau­sos de Steven, su her­ma­nito, al reci­bir­nos en su casa; la ale­gría en el des­gas­tado rostro de Mar­cela, su madre, al hacerla reír con algo sen­ci­llo... Traigo en el cora­zón las mira­das ale­gres, de tantas y tantos, cuyos ros­tros se ilu­mi­na­ban tan sólo al ver a estos jóve­nes, reco­rriendo su barrio, subiendo los epel­da­ños, hacia Arriba, a «con­tra­co­rriente».

"Si quie­res la fuente encon­trar, debes remar hacia Arriba, con­tra­co­rriente", decía una de las últi­mas poe­sías de Karol Wojtyla, un año antes de su par­tida al Cielo. ¡Y qué sen­tido, sen­tido más pro­fundo tienen estas pala­bras!

Sí, en este mundo malh­e­rido, hay que remar hacia Arriba, con­tra­co­rriente, para encar­nar los valo­res de la Vida, como lo hacen estos 4 jóve­nes, día a día en Playa Ancha. Como lo hacen tantos misio­ne­ros a lo ancho y largo del mundo, como lo hacen tantos pro­fe­sio­na­les entre­gán­dose con dedi­ca­ción a su tra­bajo, como lo hacen tantos padres, dando Vida a sus hijos, como lo hacen tantos obre­ros y obre­ras ganán­dose dig­na­mente su pan de cada día, como lo hacen final­mente tantas reli­gio­sas, con­sa­gra­dos, tantos sacer­do­tes que, silen­cio­sa­mente, se entre­gan por entero a noso­tros, a pesar de ser cru­ci­fi­ca­dos, muchos de ellos hoy, injus­ta­mente, teniendo que cargar con culpas ajenas...

Sí, en este mundo malh­e­rido, será nece­sa­rio remar hacia Arriba, con­tra­co­rriente para sanar sus heri­das, para encar­nar la Com­pa­sión, Fuente de toda Vida... que quiera ver­da­de­ra­mente lla­marse ’Vida’.

Mariana C.

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