• 19 de marzo de 2018
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Cambio de mando, entre el cielo y la tierra

Al ir a San­tiago este Domingo 11, veía­mos como la carre­tera hacia Viña se teñía de autos de uni­for­ma­dos, sire­nas, luces, motos de segu­ri­dad, todos venían al Con­greso, cambio de mando de Pre­si­dente; Noso­tros íbamos tran­qui­los, sin bulla, nadie sabia que tam­bién íbamos a un cambio de mando... el nues­tro era en la Igle­sia Mar­ga­rita de Esco­cia, en la Flo­rida Sur.

25 años de his­to­ria ter­mi­na­ban para dar paso a un nuevo Párroco: Padre Thomas, Padre Thi­bault y Puntos Cora­zón.

Nos encon­tra­mos con una Igle­sia llena de pere­gri­nos, caras ale­gres, gestos ama­bles, todos cabía­mos en la ale­gría que nos unía, eramos el «Pueblo de Dios». Vivi­mos una cele­bra­ción llena de vida y sen­tido, escu­cha­mos un salmo con melo­día, con pasión, con fuerza de espí­ritu vivo. Vimos la deli­ca­deza y el res­peto en muchos gestos que hacían ver­da­dero este nuevo y gran encargo de Dios. Una asam­blea. par­ti­ci­pa­tiva, suelta, que quería vivir y lle­narse de esa com­pa­sión y mise­ri­cor­dia que nos animan los pun­ti­tos. Todos que­ría­mos reci­bir a Jesús, filas por todos lados, Jesús en su cuerpo se reparte y com­parte hasta que se agota, pero no se detiene y se ofrece en su sangre. Rápi­da­mente salen cáliz con su sangre para empa­par esa ostia sin con­sa­grar y seguir así entrando en el cora­zón de muchos más. ¡¡Hay Jesús para todos!!

Así emo­cio­na­dos escu­cha­mos los salu­dos y refle­xio­nes fina­les. La alegre des­pe­dida del párroco que se iba, y la dul­zura y sen­ci­llez del padre que los acom­paño los años en Lampa...

Me quedo con el men­saje del Bica­rio que pre­si­dió la cere­mo­nia: «Quie­ran a sus Sacer­do­tes, denles cariño y recen por ellos»

No puedo dejar de men­cio­nar el gesto cari­ñoso de Dios, el haber vivido esta fiesta del cielo y la tierra al lado de una fami­lia santa «Reina y Román con sus 5 hiji­tos» fun­da­do­res de la obra de la Mise­ri­cor­dia, com­pa­sión y evan­ge­li­za­ción. Sus caras, gestos y atmós­fera irra­dia­ban aroma a Cristo, aroma a san­ti­dad.

A sido una gran fiesta vivida, un tónico y refresco que nos a for­ta­le­cido al ver una igle­sia viva, un pueblo de Dios que quiere y nece­sita de ti Señor! ¡¡¡ES­TA­MOS VIVOS!!!

Ben­dice y acom­paña en cada gesto y andar a estos padres Thomas y Tho­bault, así como a Nico­las, quien tam­bién se entrega a esta misión que les has con­fiado.

Con mucho cariño,

Lau­rita


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