• 24 de noviembre de 2011
es

Canto y compasión

La Agrupación Angelicus en el concierto de Musica Sacra

El 27 de octu­bre pasado, en la Igle­sia del cole­gio Santa Ursula de Vita­cura, asis­ti­mos a un reco­rrido de música sacra inter­pre­tado por Denis Car­di­naux, semi­na­rista Molo­kai, y la agru­pa­ción musi­cal Ange­li­cus. Al intro­du­cir el con­cierto a bene­fi­cio de Puntos Cora­zón, frente a 200 per­so­nas, el Padre Lorenzo Pavec, res­pon­sa­ble del movi­miento en Chile, nos invitó a reco­no­cer la pre­sen­cia del Mis­te­rio en el canto. Los niños sen­ta­dos ade­lante, los únicos que se veían ilu­mi­na­dos por la exten­sión de las luces del coro, a las pri­me­ras notas abrie­ron ojos mara­vi­lla­dos por tanta belleza.

"Esta noche, nues­tro movi­miento les pro­pone un con­cierto de Música Sacra y por esta razón quiero com­par­tir­les como la misión de nues­tros miem­bros, que se dedi­can a los más sufri­dos, se ase­meja a la misión de los que nos van a cantar ahora. Dicho de otra manera, existe un lazo pro­fundo entre el canto y el amor. Las dos obras, las dos misio­nes vienen del Mis­te­rio y con­du­cen al Mis­te­rio. ¿Qué hace el can­tante cuando canta? ¿Qué hace el misio­nero cuando ama? ¿Cómo defi­nir el canto, el amor? No es para nada fácil poder expre­sarlo… Los artis­tas, como los misio­ne­ros de Puntos Cora­zón, comu­ni­can algo, algo que es más que una voz, más que un actuar gene­roso, comu­ni­can un soplo, comu­ni­can una vida… trans­mi­ten un Mis­te­rio que es más grande que ellos mismos y que les sobre­pasa. Aque­llo que nos impacta tiene efec­tos que se encuen­tra tanto en la expe­rien­cia del canto como en la del amor. El canto, para empe­zar, ofrece una Pre­sen­cia. Me habla del país del artista, de lo más pro­fundo de su cul­tura, del alma del autor… Una can­ción de Edith Piaf me hace pre­sente las calles de Paris, como la voz de Vio­leta Parra me habla del dolor de su cora­zón, del amor a la tierra Chi­lena, del mis­te­rio de la vida… El canto tam­bién pro­voca al movi­miento, a la vida, a batir palmas, a bailar… Más pro­fun­da­mente nos invita a des­per­tar­nos de nues­tras tris­te­zas o amar­gu­ras, nos recon­ci­lia con la vida, nos anima a algo más, a querer más, a amar más … Además, gra­cias al que canta, somos lle­va­dos hacia una pro­funda nos­tal­gia por lo bello y lo ver­da­dero… Nos­tal­gia de algo por el cual pre­sen­ti­mos que esta­mos hechos. Hace crecer el deseo de una vida plena, de una pre­sen­cia que nos ama: el deseo, quiero decir, de Él que es La Vida, que es La Pre­sen­cia, el deseo del rostro de Cristo. Ser Pre­sen­cia de amor, animar a la gran­deza de la vida, tes­ti­mo­niar la Espe­ranza, es la com­pa­sión que nos sen­ti­mos lla­ma­dos a vivir en Puntos Cora­zón con los que se sien­ten aplas­ta­dos por el sufri­miento… Es la misión que com­par­ti­mos con los que cantan."


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