• 25 de agosto de 2015
es

Carta de Fabiana: “Bienaventurados los que lloran, pues ellos serán consolados.”

Tes­­ti­­mo­­nio de Fabiana, misio­­nera arge­n­­tina en Val­pa­raíso:

Vale­n­­tina era una niña con un sín­­drome dege­­ne­­ra­­tivo desde su naci­­miento. La vida de ella se apagó hace unas sema­­nas atrás. Sra Marlen y su marido son amigos de Punto Cora­­zón desde hace mucho tiempo, como abue­­los de Vale se enca­r­­ga­­ban de cui­­darla varios días a la semana y por eso en nue­s­­tras visi­­tas podía­­mos tam­­bién com­­pa­r­­tir con ella. La niña estaba en una silla de ruedas, comía a través de una sonda y no hablaba. Pero son­­reía y miraba. Y su mirada era activa y pene­­trante. Era mucha la paz que irra­­diaba y el amor con el que toda su fami­­lia la cui­­daba.

Con ellos com­­pa­r­­ti­­mos hace unos meses su pri­­mera comu­­nión, un momento lleno de gracia. Es verdad que su velo­­rio fue muy triste, hubo muchas lágri­­mas. Pero tam­­bién, fue un momento pla­­gado de espe­­ranza, esa espe­­ranza que nos habla de ete­r­­ni­­dad. En el sermón de la misa el sace­r­­dote men­­cionó que hay mome­n­­tos en esta vida que son un anti­­cipo de la vida eterna. Me recordé las mira­­das cóm­­pli­­ces entre Vale­n­­tina y sus abue­­los, el amor que se mani­­fe­s­­taba entre ellos, y pensé que estos mome­n­­tos de gracia com­­pa­r­­ti­­dos con ella habían sido, de alguna manera, sólo un pequeño des­­te­­llo de la ete­r­­ni­­dad y el amor de Dios.

Dice el P. Hur­­tado: “Más allá del placer gas­­tado, de la verdad per­­ci­­bida, com­­pre­n­­de­­mos que hay más que podría­­mos gozar, sabo­­rear, con­­te­m­­plar y que lo gozado apenas si es en con­­si­­de­­ra­­ción de lo que falta… menos de una gota de agua ante lo infi­­nito.” Ento­n­­ces, hasta la tri­s­­teza y el dolor tienen un nuevo sen­­tido si los mira­­mos desde la ete­r­­ni­­dad.


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