• 24 de marzo de 2013
es

Chinoy: componer, una ambición religiosa

Chinoy

Me gus­ta­ría pre­sen­tar­les a un artista que legué a cono­cer durante mi tiempo en Chile. Un artista que repre­senta para mí la cul­tura de los nume­ro­sos músi­cos de calle de Val­pa­raíso. Un artista que me per­mi­tió enten­der la huma­ni­dad reve­lada en las peque­ñas cosas que nos hacen únicos. Más cono­cido como «Chinoy», Mau­ri­cio Cas­ti­llo dejó sus hue­llas en la nueva gene­ra­ción de artis­tas chi­le­nos con el apodo de «Bob Dylan de Chile».

Cuando escu­che por pri­mera vez de Chinoy, no me llego mucho su voz pero supe que estaba escu­chando a alguien espe­cial. A medida que lo iba escu­chando, per­ci­bía mejor lo que había tenido delante de mí la pri­mera vez. Esta vez, lo que vi y escu­ché era una per­sona que no quiere otra cosa que ofre­cerse a ti.

Al verlo cantar apa­sio­na­da­mente unas tumul­tuo­sas letras de angus­tia polí­tica con crudas melo­días acús­ti­cas, no puedes negar que fuiste tes­tigo de la pre­sen­cia de un hombre que te revela la belleza que busca cons­tans­te­mente.

Su deseo de encon­trar con plena sin­ce­ri­dad la verdad escon­dida en lo coti­diano es con­ta­gioso y nos enca­mina en su manera de per­ci­bir la vida; una vida muy sufrida que lo ha dejado herido desde su par­tida de su ciudad natal de Pla­ci­lla en San Anto­nio hasta sus viaje como músico de calle en el puerto de Val­pa­raíso. Pero allí ha des­cu­bierto las pala­bras y los acor­des que hacen su música tan dis­tinta. Nos dice «Me gusta esta vul­ga­ri­dad de mez­clar el hombre del campo con una vida urbana, allí, uno encuen­tra la ter­nura y las con­ver­sas hones­tas que hacen pasar el tiempo.» Con­ver­sas hones­tas! Su poesía y su manera de pre­sen­tarla no son más que eso: hones­tas.

Tuve la suerte de verlo en vivo en uno de los con­cier­tos que hace regu­lar­mente en Val­pa­raíso, y mien­tras estaba de pie en la muche­dum­bre rodeado de con­ver­sa­cio­nes, él estaba rodeado de gui­tara eléc­trica y bate­rías, tuve la sen­sa­ción que nos estaba con­tando muchas his­to­rias que llegó a cono­cer.

Nos cuenta que com­po­ner "es una ambi­ción casi reli­giosa que te hace con­tac­tarte con cosas más pre­cio­sas que uno y te des­blo­quea el seso". "Muchas veces me tomé unas copas con mis demo­nios pero nunca perdí la espe­ranza de con­ver­tirme en un ser her­moso. Quería alcan­zar el cono­ci­miento a través de las emo­cio­nes. Iba en la calle y cier­tas melo­días me atra­pa­ban…"

Chinoy quiere que abra­mos los ojos, y de hecho ha abierto los míos pidién­dome no redu­cir nunca mi per­cep­ción de la per­sona humana porque al final el mila­gro de cada per­sona siem­pre nos sobre­pasa. Si no esta­mos aten­tos, nos pode­mos perder un don tre­mendo, una belleza tre­menda.

Armando

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