• 23 de agosto de 2018
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Cuando tomo mi cruz y miro a Jesús, soy como mi gente de Tirrases

Extracto de carta de Trinidad, de misión en San José, Costa Rica

El tiempo pasa y es increí­ble pensar que ya son seis meses... ¡seis meses! pare­ciera que sólo han sido días, y al mismo tiempo siento que fueran años, ¡mi­le­nios! Por un lado, el tiempo vuela aquí, pero por otro tengo la cer­teza que no soy la misma per­sona que pisó tierra tica en febrero.

En fin, durante estos meses he estado pen­sando mucho en el mis­te­rio de la cruz, mirando en mis amigos del barrio cruces tan gran­des y obvias, y viendo mi cruz que se me hace tan clara estando aquí en el inten­sivo de la vida cris­tiana; y es que en la misión todo se vive con mas inten­si­dad, incluso las ale­grías mas suti­les de los amigos del barrio me llenan de ale­gría y las tris­te­zas más peque­ñas me invi­tan a la ora­ción. Cada día aquí en puntos cora­zón es una opor­tu­ni­dad, una pre­gunta; cada día Dios me inter­pela ¿estás dis­puesta a seguirme? ¿Estás dis­puesta a olvi­darte de ti, tomar tu cruz y seguirme? Su pre­gunta me llena de liber­tad y de ale­gría, porque cada día que digo que si, como un niño me toma de la mano y me lleva por el camino del amor más gra­tuito que he cono­cido en toda mi vida. Y es que cuando tomo mi cruz y miro a Jesús soy como mi gente de Tirra­ses, no pre­tendo ser mejor que ellos ni más fuerte; soy ellos, son mi barrio, mi casa.

Pienso mucho en dos ami­gui­tos que conocí en nues­tro nuevo apos­to­lado en un hogar de niños; ella tiene cinco meses y el dos. Ambos están mar­ca­dos por gran­des sufri­mien­tos a tan corta edad; a ella la sepa­ra­ron de su mamá por con­sumo de drogas y a el lo aban­do­na­ron en el hos­pi­tal. No se como Dios es tan mise­ri­cor­dioso como para haberme dejado cono­cer­los, pero el cargar ese niño en los brazos y ver como su mirada se pierde en mi rostro mien­tras se duerme es algo indes­crip­ti­ble e impa­ga­ble, y la son­risa de esa niña peque­ñita (fue pre­ma­tura por culpa de la droga) no puedo expre­sar como me llena.

Trinidad Caro

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