• 7 de mayo de 2012
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De una ideología a la otra...

Del P. Thie­rry de Roucy

Entre los Esta­dos Unidos y Cuba la dis­tan­cia es corta: ciento ochenta kiló­me­tros. Pero si bien, antes de 1962, la tra­ve­sía era fácil de rea­li­zar, desde el blo­queo nor­te­a­me­ri­cano se ha vuelto algo muy com­pli­cado y ries­goso. Esta com­pli­ca­ción puede per­ci­birse como el sím­bolo de la dife­ren­cia que existe entre el régi­men polí­tico cubano y la socie­dad capi­ta­lista ame­ri­cana. Visto de lejos, estos países son en efecto como dos extre­mos… Visto de más cerca, parece que los dos son fun­da­men­tal­mente bas­tante cer­ca­nos: uno y otro en efecto están mar­ca­dos a fuego por una pode­rosa ideo­lo­gía que es una dege­ne­ra­ción moderna de la escla­vi­tud.

Podría­mos tam­bién pensar que la ideo­lo­gía es la enfer­me­dad de una nación, de una socie­dad, de todo un pueblo, pero es tam­bién la enfer­me­dad que cada uno tiene, que se tra­duce en el hecho que damos a menudo más lugar a nues­tras ideas o a las ideas de los otros que a la rea­li­dad misma. Y si nues­tras ideas son gene­ral­mente inmu­ta­bles y si se cons­ti­tu­yen sin demora en «sis­tema», la rea­li­dad, ella, está con­ti­nua­mente en movi­miento. Soli­cita que nos adap­te­mos a cada ins­tante. Requiere de la inte­li­gen­cia un esfuerzo con­ti­nuo.

¿Dónde está enton­ces el paraíso? No está ni en Cuba ni en Esta­dos Unidos, ni en ningún país. Está ahí donde la rea­li­dad será con­si­de­rada siem­pre pri­mera. Está donde una inte­li­gen­cia osará colo­carse de rodi­llas delante del ser que le es ofre­cido.


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