• 1ro de octubre de 2011
es

«Dejar la rutina»

La juventud del Papa

Dentro de las muchas inno­va­cio­nes rea­li­za­das por Juan Pablo II, las Jor­na­das Mun­dia­les de la Juven­tud son apa­ren­te­mente una de las más fecun­das. En el mundo entero, en cada país, dejan una huella pro­funda no sólo en los miles de jóve­nes que acuden de los 5 con­ti­nen­tes y par­ti­ci­pan sino tam­bién en los que allí son tes­ti­gos direc­tos de estos encuen­tros o los siguen por los medios de comu­ni­ca­ción.

En pocos días la pre­sen­cia del Papa, la escu­cha bene­vo­lente de los jóve­nes, su entu­siasmo, su dis­po­ni­bi­li­dad y su vida de ora­ción trans­forma el ambiente de una ciudad. En 1997, por ejem­plo, en el trans­curso de una semana , París ya no era París: La ciudad adqui­rió de repente un toque fes­tivo, se quitó su manto de tris­teza para vestir un traje de espe­ranza.

Tanto Juan Pablo II como Bene­dicto XVI enten­die­ron que los jóve­nes nece­si­tan «dejar la rutina», que anh­e­lan encuen­tros, aper­tura, rumbos que seguir…

De alguna manera, Puntos Cora­zón es una pro­lon­ga­ción, una pro­fun­di­za­ción, una con­se­cuen­cia de las JMJ. De hecho, irse de misión con Puntos Cora­zón, es «dejar la rutina» no sólo por algu­nos días sino por algu­nos meses, es salir de su yo para apa­sio­narse por el mundo del Evan­ge­lio, por la vida de los demás. Es empe­zar a apli­car de manera muy con­creta el man­da­miento del amor…

P. Thierry de Roucy

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