• 26 de septiembre de 2016
es

«Dios siempre cuida de sus criaturas, pero lo hace a través de los hombres»

Extracto de la carta de Anto­­nia, en misión en el Punto Cora­­zón de Hon­­du­­ras:

«Dios sie­m­­pre cuida de sus cria­­tu­­ras, pero lo hace a través de los hom­­bres» Santa Madre Teresa de Cal­­cuta.

Me sor­­pre­n­­dió estos días cómo en varias situa­­cio­­nes que pare­­cían tota­l­­mente oscu­­ras y sin salida, de a poquito, del lugar menos pen­­sado fue apa­­re­­ciendo una luz, una solu­­ción. Dios fue moviendo los cora­­zo­­nes de varias per­­so­­nas para que qui­­sie­­ran com­­pro­­me­­terse en el bien de alguien.

Por eje­m­­plo, una mañana llegó una vecina a con­­ta­r­­nos que ese día había caído presa la hija de M., que M. estaba inte­r­­nada en el Hos­­pi­­tal, y que su nieta de dos años estaba espe­­rando en la comi­­sa­­ría que algún fami­­liar la reti­­rara, porque de lo con­­tra­­rio, si nadie la reti­­raba en las siguie­n­­tes tres horas, la iban a ingre­­sar en un ins­­ti­­tuto del cual des­­pués es bas­­tante difí­­cil sacar a los niños.

M. es una señora que cada tanto viene a nue­s­­tra casa a cha­r­­lar y a buscar unos reme­­dios que una orga­­ni­­za­­ción nos deja a noso­­tros para que se los haga­­mos llegar a ella. Nadie sabía cómo era su dire­c­­ción, sólo tenía­­mos unas pocas refe­­re­n­­cias.

Pero con la vecina y sus hijos nos pusi­­mos en movi­­miento para tratar de que esta chi­­quita fuera sacada de la comi­­sa­­ría. Salie­­ron unos a buscar al posi­­ble padre cono­­ciendo sólo su cara, lla­­ma­­mos al hos­­pi­­tal, donde decían que no estaba inte­r­­nada y que sólo había ido a con­­sulta, fuimos a tratar de enco­n­­trar su casa, pero nada. Tocando pue­r­­tas y más pue­r­­tas la gente se iba invo­­lu­­crando, nos decía que pro­­bá­­ra­­mos por allá, más acá... Uno sabía que en tal casa vivía una M...Pero era otra. Otro había visto alguien de esas cara­c­­te­­rí­s­­ti­­cas en aque­­lla cuadra...Pero no.

Hasta que fina­l­­mente en una de las casas donde gol­­pea­­mos nos ate­n­­dió un hombre que dijo cono­­cerle, y que cono­­cía tam­­bién a los otros abue­­los de la bebé. Le con­­ta­­mos la situa­­ción y él pudo hablar con ellos, y la chi­­quita fue reti­­rada justo a tiempo. Fue muy lindo ver toda la gente que se con­­mo­­vió y aportó su gra­­nito de arena para ayudar a esta chi­­quita que casi no cono­­cía­­mos, de una manera tota­l­­mente desi­n­­te­­re­­sada y gra­­tuita.


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