• 14 de agosto de 2012
es

Dos regalos de Dios para la Iglesia.

Padre Denis después de su misa de ordenación

Por una calu­rosa tarde de junio en la costa azul, en el sur de Fran­cia, fueron orde­na­dos doce sacer­do­tes de los cuales dos per­te­ne­cen a la fra­ter­ni­dad Molo­kai, rama sacer­do­tal de Puntos Cora­zón.

Cono­ce­mos bien el pri­mero. Denis de misión en Chile, estu­diante en pos­grado en la Facul­tad de teo­lo­gía, visi­ta­dor del Punto Cora­zón de Val­pa­raíso, poeta, tenor de canto anti­guo… nos com­parte su pasión por la belleza desde su lle­gada en 2009.

El segundo, Alex viene de Suiza. Des­pués de dos misio­nes como volun­ta­rio en Ecua­dor y en el Bronx (Nueva York) empezó el semi­na­rio en Argen­tina y ter­mino su for­ma­ción en el sur de Fran­cia. Como buen Suizo, es apa­sio­nado de mon­taña, tre­parla, bajarla, cru­zarla y volar encima.

Estos días fueron un tiempo de gracia para la Igle­sia y espe­cial­mente para nues­tra pequeña fami­lia. Estu­vi­mos reu­ni­dos alre­de­dor de Denis y Alex para acom­pa­ñar­los en una vigi­lia de ora­ción que vio lle­narse la pequeña Igle­sia de Pig­nans aun cuando jugaba el equipo de Fran­cia frente a España en la Euro­copa (no nos per­di­mos nada). Reza­mos con una inquie­tud espe­cial por el pobre Alex que reci­bió una inter­ven­ción qui­rúr­gica de emer­gen­cia el domingo en la mañana. Gra­cias a Dios, salió de la sala de des­per­tar a horas la misa de orde­na­ción. Allí, en los jar­di­nes de semi­na­rio, mas de 3 000 fieles fueron tes­ti­gos de un regalo grande de Dios para la Igle­sia, el don del sacer­do­cio.

En el tercer día de gracia nos divi­di­mos para asis­tir a las pri­me­ras misas de nues­tros amigos en dos pue­blos bien típi­cos del sur de Fran­cia. En Besse-sur-Issole, Padre Denis fue acom­pa­ñado de su maes­tro de canto Gre­go­riano, Damien Pois­blaud, para una mara­vi­lla de misa que nos ayudó con­tem­plar el mis­te­rio de manera espe­cial. En Pig­nans, Padre Alex fue acom­pa­ñado de su anti­gua batu­cada en la cele­bra­ción euca­rís­tica. Dos litur­gias bien dis­tin­tas pero un solo carisma que cele­bra­mos en un único ban­quete fes­tivo donde los cantos suizos, los bailes chi­le­nos, la batu­cada y la comida encar­na­ron la amis­tad, ver­da­dero don de Dios al cual nues­tros nuevos sacer­do­tes entre­ga­ron sus vidas.

Vicente de P.

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