• 27 de septiembre de 2016
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Eco Peregrinación por Nuestra Señora de Compasión

Peregrinación Lo Vasquez

¡¡Qué bello día!!!

Con los pies can­sa­dos, vengo de vuelta a casa llena de imá­ge­nes, de ros­tros de amigos, de peque­ños gestos y acon­te­ci­mien­tos. La pre­ca­rie­dad marcó de prin­ci­pio a fin nues­tro pere­gri­nar a Lo Vás­quez. Nos sor­pren­dió un día nublado para el que no íbamos pre­pa­ra­dos. Una vez que todos lle­ga­mos, nos fuimos a cami­nar rezando el rosa­rio, mien­tras algu­nos se refu­gia­ron en el Templo. Por momen­tos todo pare­ció estar en nues­tra contra: un viento cos­tero ame­na­zaba calar­nos hasta los huesos. El par­lante que trajo el padre Thi­baud chi­rriaba. Una jauría de perros sal­va­jes nos hizo cons­tante com­pa­ñía. Pare­cía­mos una barca pequeña a punto de nau­fra­gar. Nos sos­te­nía la voz dulce de Nico­lás y nues­tra leta­nía de padre­nues­tros, de ave­ma­rías y de glo­rias al padre. Y el aire car­gado de olores de zarzas, espi­nos y euca­lip­tus. Y las mira­das de unos y otros que cui­da­ban que nadie que­dara atrás. Al llegar el padre Thi­baud nos recordó el sen­tido de nues­tro estar ahí a los pies de la Virgen en este año jubi­lar. El umbral, la con­fe­sión, el deseo de mise­ri­cor­dia para nues­tras pobres vidas. En su homi­lía el padre Thomas nos animó a vol­ver­nos cada uno como Juan: un lugar de com­pa­sión para acoger a nues­tra Señora de los Dolo­res. Como en una segunda comu­nión, el almuerzo com­par­tido nos trajo la ale­gría. ¡¡Qué día más bello!!

Cecilia Bralic

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