• 2 de junio de 2011
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El cese del tiempo

Con mótivo de la inau­gu­ra­cion del nuevo blog de Puntos Cora­zón : "Terre de com­pas­sion", el padre Thie­rry nos dirige estas pala­bras sobre el tiempo.

"Un día… ", «El día siguiente…», «A la sexta hora del día…», «A la novena hora del día…», «Tres días des­pués…»

Sin lugar a dudas, los even­tos rela­ta­dos en el evan­ge­lio están bien situa­dos en el tiempo… En un tiempo ya lejano y quizás un poco extraño… Los cris­tia­nos del siglo segundo ya se lamen­ta­ban de la lejana par­tida del Mesías… Implo­ra­ban su regreso… Lo espe­ra­ban… y nunca lo veían llegar… Hace veinte siglos ya que nadie lo ha vuelto a ver… lo espe­ra­mos, al mismo tiempo que ya nadie lo espera … Por otro lado, no se sabe ya qué espe­rar… a quién espe­rar… Tam­bién se dice que ya está aquí hasta el fin del mundo… El mismo lo afirmó. Enton­ces ¿qué espe­rar? ¿Está aquí porque ha estado… porque estará…?

La fe en el resu­ci­tado nos per­mite tener otra mirada sobre el tiempo… La litur­gia diaria quie­bra el cuadro limi­tado de nues­tros días, de nues­tros espa­cios… Al cele­brar al encar­nado, se nos per­mite alcan­zar lo eterno. Es la cons­tante rea­li­za­ción de la Pascua. De hecho, el pasado, el pre­sente y el futuro se super­po­nen y se unen en el Mis­te­rio que toca con sus dedos el sacer­dote… A veces, mien­tras cele­bra o reza, todos los luga­res pare­cen reu­nirse en su cora­zón… Expe­ri­menta algo de una comu­nión del tiempo, del lugar, del ser…

El amor per­mite mirar lo hondo, el centro y lo alto a la vez; per­mite con­tem­plar el ayer junto con el hoy y el mañana. ¡Es la señal misma de la cruz! El tiempo del cris­tiano es el tiempo de «aquel que es, que era y que será». Es un tiempo que viene desde… que va hacia… que tam­bién está más allá de… Es un tiempo que no se puede poner entre parén­te­sis, que no se puede sepa­rar del todo…

En esta luz, el perio­dista cris­tiano no puede ser un mero perio­dista de «noti­cias dia­rias» pues de cierto modo ya ha resu­ci­tado, vive en un cierto «más allá» del tiempo. No puede rela­tar hechos ais­la­dos cuando está inte­grado en la His­to­ria y un hecho se sitúa dentro de una tota­li­dad, de una fina­li­dad, de un des­tino… Al tiempo del cual habla, siem­pre se debe añadir un «y tam­bién…» ("Un tiempo y tam­bién unos tiem­pos y tam­bién la mitad de un tiempo" cf. Ap. XII,14) que se debe añadir tam­bién al espa­cio y a los acon­te­ci­mien­tos...

El blog que empe­za­mos hoy, a pesar de sus lími­tes, quiere ser ante todo cató­lico, es decir, que tiene por ambi­ción llevar a sus lec­to­res mas allá del tema de cada artículo, quiere per­mi­tir a cada uno reco­no­cer en los acon­te­ci­mien­tos del mundo, en sus difi­cul­ta­des y ale­grías, en cada per­sona que res­pira "el cor­dero inmo­lado y glo­rioso, «el más bello de los hijos de los hom­bres». Este blog quiere ser como una pere­gri­na­ción: comen­za­mos visi­tando luga­res espe­cí­fi­cos, pero des­pués de unos kiló­me­tros somos lle­va­dos hasta nues­tro propio cora­zón… comen­za­mos con­tem­plando los ves­ti­gios del pasado, pero somos lan­za­dos al drama del por­ve­nir. Este Blog es como un arcoí­ris de múl­ti­ples colo­res.

En 1940, en el campo para pri­sio­ne­ros de guerra de Gor­litz, cuando Oli­vier Mes­siaen com­pone su Quator para el Fin del Tiempo, no busca ilus­trar musi­cal­mente el terror del Juicio final ni comen­tar el apo­ca­lip­sis, sino que busca «moti­var su deseo del cese del tiempo.» Com­po­ner un blog ¿no sería tam­bién entrar en un movi­miento de espe­ranza que aguarde de manera activa «el cese defi­ni­tivo del tiempo»…?

Padre Thierry de Roucy

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