• 15 de marzo de 2013
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¡El nuevo Punto Corazón en Japón!

Niños del orfanato vecino

Puntos Cora­­zón acaba de abrir una nueva casa en Japón. P. Paul Anel nos cuenta sus pri­­me­­ros pasos con la comu­­ni­­dad fun­­da­­dora:

"Al pri­n­­ci­­pio de esa fun­­da­­ción, hay un encue­n­­tro, o mejor dicho, varios encue­n­­tros. Cuando vini­­mos con P. Thie­­rry en marzo de 2011 enco­n­­tra­­mos a varios japo­­ne­­ses con­­mo­­vi­­dos pro­­fu­n­­da­­mente cuando les hablá­­ba­­mos de com­­pa­­sión. "En este momento de la his­­to­­ria de nue­s­­tro país es lo que más nece­­si­­ta­­mos", nos decían.

Com­­pa­­sión por las innu­­me­­ra­­bles víc­­ti­­mas de la tra­­ge­­dia natu­­ral y nuclear que suce­­dió en Japón en marzo de 2011, por los cie­n­­tos de miles de refu­­gia­­dos a las dece­­nas de miles de niños ence­­rra­­dos bajo con­­trol médico. Pero no sola­­mente. "Mi padre se sui­­cidó cuando se jubiló", nos confía una mujer. "Por favor vengan a nue­s­­tro país, esta­­mos per­­di­­dos", llo­­raba un estu­­diante. El sufri­­miento es tal, que «lo que más nece­­sita el japo­­nés hoy es un lugar donde poder llorar», nos decía un pastor. En todas partes se podía sentir una inmensa y urgente nece­­si­­dad de com­­pa­­sión: com­­pa­­sión por la viuda y el hué­r­­fano, por el estu­­diante y el hombre de nego­­cios, por el dese­s­­pe­­rado y el soli­­ta­­rio.

Desde el 8 de octu­­bre de 2012 somos una comu­­ni­­dad de cuatro: Sylvie M., una laica con­­sa­­grada de Puntos Cora­­zón, dos volu­n­­ta­­rios y yo, en Sendai, la capi­­tal de Tokohu, al lado de las zonas más deva­s­­ta­­das por el terri­­ble tsu­­nami, y la ciudad con uno de los más altos índi­­ces de sui­­ci­­dio en el mundo. Allí esta­­mos ins­­ta­­la­­dos en una pequeña y tra­­di­­cio­­nal casa japo­­nesa, situada sobre una colina, entre un orfa­­nato y un refu­­gio. Cada día, vamos en bici­­cleta a la escuela japo­­nesa inte­r­­na­­cio­­nal de Sendai, donde tene­­mos clases inte­n­­si­­vas de japo­­nés. Además de apre­n­­der el idioma, bus­­ca­­mos abra­­zar la pro­­fu­n­­di­­dad y la riqueza de la cul­­tura japo­­nesa con su sen­­tido único de belleza y res­­peto. Aunque no es una tarea fácil, es el camino para llegar al cora­­zón del Japón y pla­n­­tar allí, a través de la ami­s­­tad y la pre­­se­n­­cia, unas semi­­llas de espe­­ranza."

P. Paul Anel

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