• 26 de octubre de 2016
es

El que recibe a este niño en mi Nombre me recibe a mí, y a Aquél que me envió

Valparaíso. Septiembre, 2016.

Extracto de carta de Andrea, misio­nera argen­tina en Val­pa­raíso.

Hace un poco más de un mes, una expe­­rie­n­­cia que nos marcó a todos en nue­s­­tra comu­­ni­­dad, fue la lle­­gada de 3 niños de 10 años a nue­s­­tra casa a las 23hs. Ellos se habían esca­­pado de un hogar de meno­­res, y su his­­to­­ria era que que­­rían vivir en un árbol, ser como “Ta­r­­zán” y comer cho­­co­­late y chi­s­­pi­­tas para sobre­­vi­­vir. Los invi­­ta­­mos a pasar a nue­s­­tra casa para que tomen algo cale­n­­tito, que se queden a dormir, y hace­r­­les ente­n­­der que 3 niños solos a esas horas de la noche, era muy peli­­groso. Dejar entrar a estos niños, fue rea­l­­mente dejar entrar a Dios a nue­s­­tra casa, sentir esa pre­­se­n­­cia de Dios pidiendo un hogar donde poder des­­ca­n­­sar, donde sen­­tirse en fami­­lia, donde sen­­tirse pro­­te­­gido y aco­­gido. Y no sólo fue eso, sino fue dejarlo entrar en mi cora­­zón.

¿Cómo expli­­car tanta feli­­ci­­dad que siento? Fue gra­­cias a todo lo que vivo día a día, a estos niños que me devo­l­­vie­­ron a la misión, para saber que ahí es donde uno encue­n­­tra con­­suelo, donde uno encue­n­­tra fue­r­­zas para seguir, pero por sobre todo encue­n­­tra ale­­gría y amor. Ver a estos niños que con­­fia­­ron en noso­­tros sin cono­­ce­r­­nos, que se dor­­mían mirando la Cruz de Cristo, escu­­chando una can­­ción a la Virgen, y que era sólo eso lo que ellos pedían, lo que ellos nece­­si­­ta­­ban y bus­­ca­­ban, una simple pre­­se­n­­cia de Cristo, alguien que los AME.


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