• 29 de marzo de 2011
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Eva: el precio de una vida

Eva y Anaïs, permanente de Puntos Corazón en Francia

Nues­tra amiga Eva, de 21 años, entregó su vida por amor a su hijo. Cuando la cono­ci­mos tres años atrás, pasaba de carrete en carrete en el furgón en el cual vivía una vida de sueños y desi­lu­sio­nes.

Pasaba de vez en cuando en el Punto Cora­zón de Toulon (en el sur de Fran­cia) con un nuevo pier­cing, tatuaje, con el pelo rojo o ama­ri­llo o azul según su ánimo capri­choso. El año pasado, el ser­vi­cio social le quitó la cus­to­dia de Leo su hijo de tres años de edad. Su madre había denun­ciado su dro­ga­dic­ción cró­nica.

Sola, sin su hijo, sin amigos y sin techo vino a visi­tar­nos al Punto cora­zón con el deseo de volver a vivir con su hijo. Vivió dos meses con noso­tros, apren­diendo de nuevo como vivir juntos, como coci­nar, como lim­piar, como estar atenta a los demás y acoger con su ale­gría natu­ral a las per­so­nas que esta­ban de visita: cesan­tes, dis­ca­pa­ci­ta­dos, jóve­nes en for­ma­ción para irse de misión y hasta nues­tro obispo! Nos dimos cuenta de que podía ser más feliz. Un día ella exclamó: “¡Pun­tos Cora­zón es mi fami­lia!”

En Octu­bre, nos ente­ra­mos que Eva estaba una vez más en una situa­ción grave: estaba emba­ra­zada y deseaba abor­tar. Una noche, una pareja joven vino a cenar en casa y nos contó su deseo de adop­tar. Eva dijo: “No puedo matar a mi hijo… no puedo tam­poco cui­darlo, pero ¿qui­zás lo puedo dar a alguien para que lo cuide?” En paz con esta deci­sión paso un mes más en nues­tra casa.

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Eva viviendo en el Punto Corazón

A fines de Octu­bre, con seis meses de emba­razo, le diag­nos­ti­ca­ron un cáncer. La situa­ción era crí­tica: fal­taba algu­nos días para que el bebé fuera viable y el tumor de Eva iba cre­ciendo muy rápi­da­mente. Ella no pare­cía preo­cu­pada por su enfer­me­dad: “tengo 21 años y la vida me trajo puros qui­lom­bos. No importa si el cáncer me asusta, ¡es un pro­blema más en la lista!” Estaba asus­tada por las con­se­cuen­cias que podía tener su enfer­me­dad para el bebé. Cuando el doctor le pidió empe­zar sin tardar el tra­ta­miento de qui­mio­te­ra­pia, Eva insis­tió para pos­ter­garlo diez días para que su hijo fuera bas­tante fuerte para sopor­tarlo.

Eva estaba tam­bién preo­cu­pada por la situa­ción de Mor­gane, su cuñada de 15 años que tenía un emba­razo dema­siado avan­zado para poder abor­tar en Fran­cia y estaba por viajar a España con este pro­pó­sito. Eva le contó de sus tres abor­tos que fueron expe­rien­cias muy peno­sas para ella. “El pri­mero fue for­zado por mi madre cuando tenía 14 años, el segundo por mi anti­guo pololo cuando tenía 16 y el ter­cero… no lo deseo a nadie. Estoy bien triste por Mor­gane pero no sé cómo decirle…”

Poco des­pués, Mor­gane llegó al hos­pi­tal con su her­mano y su madre y todos empe­za­ron a char­lar.

Tres días des­pués, el telé­fono sonó y nos ente­ra­mos de la muerte de Eva durante el parto, el cáncer ya había tocado el cora­zón. La guagua, Abi­gae­lle nació con buena salud. Encon­tra­mos a Mor­gane en el hos­pi­tal, seguía emba­ra­zada. Se veía muy triste por la muerte de Eva pero su mirada estaba llena de paz cuando nos dijo:”Estaba a punto de abor­tar cuando me entere de la muerte de Eva, enton­ces, decidí con­ser­var el bebé y lla­marla Eva.”


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