• 4 de mayo de 2014
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Incendio de Valparaíso : « Los estaba esperando… »

Tanta gente duerme bajo carpa, los días se ponen fríos, la lluvia ame­naza bajo la forma de una neblina helada. Las fami­lias se van a quedar así, en la incer­ti­dum­bre, sin saber cuándo lle­gara una ayuda real de parte del gobierno y temiendo que las pocas herra­mien­tas y mate­ria­les que logra­ron juntar, sean roba­dos por algún sin­ver­güenza. Muchos tra­ba­ja­ron: veci­nos, uni­ver­si­ta­rios, “Techo para Chile” y miles de volun­ta­rios ayu­da­ron mucho a pesar de las res­tric­cio­nes en el acceso. Con los volun­ta­rios de la comu­ni­dad, hemos deci­dido con­sa­grar esa semana a visi­tar a la gente del cerro La Cruz. Hemos sido impac­ta­dos por el gran dolor de la gente, pero sobre todo, por su dig­ni­dad en el sufri­miento. Los que hemos encon­trado nos piden de volver. Por eso inten­ta­mos no dis­per­sar­nos y volver a pasar por los luga­res donde hici­mos ver­da­de­ros encuen­tros.

Alex : ¡Los estaba espe­rando !

Des­pués de una tarde durante la cual reco­rri­mos el cerro, al momento de mar­char­nos, cruce la mirada de un hombre que nos saluda desde la cima de su pared. Nos invita a pasar en su terreno. Alex nos cuenta su vida. Nos cuenta su frus­tra­ción de haberse esfor­zado tanto en las minas de Anto­fa­gasta, sacri­fi­cando su vida de fami­lia para llegar a per­derlo todo, tan de repente. A pesar de todo, da gra­cias a la Pro­vi­den­cia, pues, desde que ocu­rrió el incen­dio, pudo acer­carse más a los suyos y espe­cial­mente a su hija. Luego, des­pués de una pequeña ora­ción en la cual se con­tuvo para no lar­garse a llorar nos dijo: “Hacia días que los estaba espe­rando, gra­cias por haber venido. No qui­siera que se vayan con tanto peso al hombro pues van a ver a mucha gente que los nece­sita más que yo”.

Patri­cia : La vida es Bella.

Pasando por una que­brada, la Que­brada Pictón, impre­sio­na­dos por la dimen­sión del daño, salu­da­mos a una pequeña fami­lia. Nos invi­tan a tomar un café. Patri­cia y su marido se casa­ron a los catorce. Se ven una fami­lia muy unida. El marido, a pesar de su dia­be­tes, ya recons­truyo una pequeña casa per­mi­tiendo a todos de tener un lugar mas digno. Con ellos esta una niña de 7 años, Pas­cale. Esta feliz porque el fuego no logro des­truir los cimien­tos de la anti­gua casa y porque tienen agua. Pas­cale es la fuerza de su abuela Patri­cia. La cala­mi­dad no le borro la son­risa. Reci­bie­ron ayuda de parte de amigos que siem­pre fueron bien reci­bi­dos en esta casa. Patri­cia comenta: “re­ci­bi­mos lo que hemos sem­brado”. Nos cuenta que la her­ma­nita de Pas­cale, de 5 años de edad, quedo muy cho­cada cuando vio el estado de su barrio, de su casa. Enton­ces, su abuela le dijo: “Con los veci­nos hemos deci­dido hacer­nos scouts, por eso acam­pa­mos bajo carpa!” Luego con las manos en por­ta­voz se puso a gritar: “¡Oye! ¡Ve­ci­nos! No cierto que somos scouts? ¡Vamos! ¡Des­tru­ya­mos todos nues­tras casas para dormir bajo carpas!” Con la com­pli­ci­dad de los veci­nos y sus res­pues­tas entu­sias­tas, la niña cambio de rostro y no deja de soñar con escou­tismo…

Hum­berto : ¡Somos de hierro!

Tantos tes­ti­mo­nios. Me acuerdo de Alberto y Mar­cela, su esposa emba­ra­zada quien nos acoge con una son­risa inmensa. De hecho, des­pués del golpe que repre­sentó para ellos la deci­sión del alcalde de no ayudar a la fami­lias que viven en terre­nos ile­ga­les, Dios escu­cho la ora­ción que hici­mos juntos y un grupo de jóve­nes vinie­ron a ofre­cer­les una casa. Para algu­nos como Daniel, esta prueba alarga la leta­nía de sufri­mien­tos acu­mu­la­dos en su vida. Pero a pesar de esto, no se dejan vencer. ¡No es el momento toda­vía! Hum­berto, papa y abuelo joven, hablando un fran­cés admi­ra­ble – su padre, Fran­cés, había sido exi­lado de Chile – nos dijo: “somos de hierro, no nos que­bra­re­mos, no nos dobla­re­mos. Nin­guna lagrima regará la tierra de nues­tro terreno mien­tras no hayan cuatro pare­des y un techo para escon­der­las.” La rea­li­dad es que muchos aguan­tan, resig­na­dos, todas sus penas. No pueden salir. No es el momento ade­cuado. Hay que estar firme, enfren­tar las pesa­di­llas de la noche, recons­truir. Pero el can­san­cio pesa cada vez mas.

Seguir visi­tando

Des­pués de esta breve semana de misión, los volun­ta­rios de Puntos Cora­zón deci­die­ron seguir visi­tando la pobla­ción cada semana. Ahora la gente tiene que enfren­tar el invierno, la larga recons­truc­ción, los alu­vio­nes en caso de tem­po­ral. Sin embargo, todos dicen que tienen vida, fami­lia y que eso es lo más impor­tante… todos ter­mi­nan mirando al cielo, sin pala­bras – sin falsas pala­bras – y pare­cen decir que Dios lo lleva todo en sus manos. Todos con­fían que ÉL los ayu­dara. Todos afir­man tam­bién cuan esen­cial y deci­sivo es para ellos este pequeño signo, esta pre­sen­cia sen­ci­lla mani­fes­tada en una visita.

Por lo tanto, ¡Vamos! ¡A sem­brar! Sem­brar con la humil­dad, con la sim­pleza de una pequeña visita. Seamos habi­ta­dos y ani­ma­dos por esta frase de Alex: “Los estaba espe­rando, ¡Hace días que estaba espe­rando la visita de Cristo!”

P. Denis Cardinaux

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