• 20 de febrero de 2017
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Incendios en Chile

Extracto de la carta de Andrés en misión en el Punto Cora­­zón

Desde hace ya casi un mes Chile está sufriendo eno­r­­me­­mente de los ince­n­­dios que a lo largo de varias regio­­nes están devo­­rando bos­­ques y pue­­blos ente­­ros. Miles de casas se han que­­mado y ya son varios los que murie­­ron com­­ba­­tiendo el fuego. Los bom­­be­­ros inca­n­­sa­­ble­­mente desde el 2 de enero no han parado de com­­ba­­tir el fuego en dis­­ti­n­­tas zona y esto parece no ter­­mi­­nar más, se tuvo que soli­­ci­­tar avio­­nes a otros países para refo­r­­zar a los bom­­be­­ros que no dan abasto.

Uno de estos tantos ince­n­­dios llegó bas­­tante cerca de nue­s­­tra casa, a un barrio al que per­­te­­nece a nue­s­­tra Parro­­quia, lla­­mado Pue­r­­tas Negras. Esta humilde pobla­­ción que vivía en una que­­brada perdió abso­­lu­­ta­­mente todo lo que tenían; así que deci­­di­­mos suma­r­­nos a la Parro­­quia y aco­m­­pa­­ñar al grupo que ayuda a los dam­­ni­­fi­­ca­­dos ace­r­­cá­n­­do­­les comida, ayu­­dando a sacar esco­m­­bros y a con­­ve­r­­sar un poco con ellos para aco­m­­pa­­ña­r­­los en este momento tan difí­­cil.

El primer día des­­pués de que cesó el fuego deci­­di­­mos subir a la zona del ince­n­­dio, sali­­mos cami­­nando hacia Pue­r­­tas Negras.

Conocí a Eva­n­­ge­­lina. Ella es una madre de fami­­lia que perdió abso­­lu­­ta­­mente todo, salvo dos muñe­­cas que alcanzó recu­­pe­­rar para su hija. En su fami­­lia que­­da­­ron todos con la ropa puesta y a la deriva. Cuando me ace­r­­qué a lle­­varle comida come­n­­za­­mos a hablar y con mucha espe­­ranza nos con­­taba cómo pla­­neaba seguir los días siguie­n­­tes. Muy agra­­de­­cida por nue­s­­tra ayuda rápi­­da­­mente empezó a habla­r­­nos desde lo más sin­­cero de su cora­­zón sobre lo que le tocaba vivir. Antes de des­­pe­­di­r­­nos con mucha fe y como que­­rié­n­­do­­nos expli­­car por qué era que a ella le tocaba sufrir tanto, como que­­rié­n­­dole enco­n­­trar frutos a su sufri­­miento nos decía: “Todo esto pasa por algo, y yo creo que quizás sea nece­­sa­­rio que pasen cosas así para que el resto de la gente se dé cuenta de que el mundo, no sola­­mente es SU MUNDO”. ¡Qué enorme su Fe! ¡Cuá­n­­tas veces debe­­ría haber car­­gado mi cruz con esa Fe! ¿Será que tanto me falta crecer? ¡Rea­l­­mente quiero tener una Fe como la suya!


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