• 2 de junio de 2014
es

JPII: ¡Un Santo que nos ayuda a vivir el mundial!

Con algu­nos extrac­tos de dos dis­cur­sos del año 2000 sobre el fútbol, San Juan Pablo II nos regala una ense­ñanza valiosa para vivir el mun­dial que se acerca. Con esta sín­te­sis se des­ta­can unas claves para crecer viviendo ple­na­mente estos días de fiesta.

Un ins­tru­mento de comu­nión.

"El fútbol se ha trans­for­mado en un acon­te­ci­miento pla­ne­ta­rio en el que nacio­nes y cul­tu­ras diver­sas viven la misma expe­rien­cia de fiesta. Pre­ci­sa­mente por eso el deporte puede favo­re­cer la cons­truc­ción de un mundo más fra­terno y soli­da­rio, con­tri­bu­yendo a la supera­ción de situa­cio­nes de incom­pren­sión recí­proca entre per­so­nas y pue­blos."

«El fútbol es una acti­vi­dad que pueden prac­ti­car todos, desde los niños hasta los adul­tos, y que, por su capa­ci­dad de aso­cia­ción, crea un espec­táculo apre­ciado en el marco de un clima gene­ra­li­zado de fiesta. Por su índole popu­lar, el fútbol res­ponde a múl­ti­ples expec­ta­ti­vas y ofrece un entre­te­ni­miento sereno tanto a afi­cio­na­dos como a fami­lias ente­ras.»

Un ins­tru­mento de edu­ca­ción.

"El deporte, si se vive de modo ade­cuado, se con­vierte en una espe­cie de asce­sis, el ambiente ideal para el ejer­ci­cio de muchas vir­tu­des. Algu­nas de estas vir­tu­des fueron subra­ya­das muy bien por mi vene­rado pre­de­ce­sor el Papa Pío XII: "La leal­tad, que impide recu­rrir a sub­ter­fu­gios, la doci­li­dad y la obe­dien­cia a las sabias órde­nes de quien dirige un ejer­ci­cio de equipo, el espí­ritu de renun­cia cuando es pre­ciso sacri­fi­carse en bien de los pro­pios «colo­res», la fide­li­dad a los com­pro­mi­sos, la modes­tia en los triun­fos, la gene­ro­si­dad con los ven­ci­dos, la sere­ni­dad cuando la suerte es adversa, la pacien­cia con el público no siem­pre mode­rado, la jus­ti­cia, si el deporte de com­pe­ti­ción está vin­cu­lado a inte­re­ses finan­cie­ros acor­da­dos libre­mente y, en gene­ral, la cas­ti­dad y la tem­planza"" (Dis­curso al Centro depor­tivo ita­liano, 5 de octu­bre de 1955).

Un tiempo para vivir la cari­dad.

"Como deporte prac­ti­cado por per­so­nas de dife­ren­tes ámbi­tos étni­cos, racia­les, eco­nó­mi­cos y socia­les, el fútbol es un exce­lente medio para pro­mo­ver la soli­da­ri­dad, tan nece­sa­ria en un mundo pro­fun­da­mente afec­tado por ten­sio­nes étni­cas y racia­les. La «Cam­paña de juego limpio» de la FIFA es un signo posi­tivo de que que­réis hacer lo que está de vues­tra parte para que con el deporte se pueda crear un clima de res­peto y com­pren­sión entre los pue­blos."

«El deporte es edu­ca­tivo, porque trans­forma los impul­sos huma­nos, incluso los poten­cial­mente nega­ti­vos, en buenos pro­pó­si­tos. Los jóve­nes apren­den a desa­rro­llar un sano espí­ritu de lucha, sin con­flic­tos. Apren­den a com­pe­tir en un campo, donde su adver­sa­rio no es su ene­migo. Por esta razón, expreso mi más viva espe­ranza de que la FIFA siga afron­tando en todos los nive­les el pro­blema de la vio­len­cia, que tanto per­ju­dica al deporte.»

Un tiempo para mara­vi­llarse.

"De hecho, el fútbol, tan impor­tante para ense­ñar a afron­tar los gran­des desa­fíos de la vida, sigue siendo un deporte. Es una forma de juego, simple y com­plejo a la vez, en el que la gente siente ale­gría por las extra­ordi­na­rias posi­bi­li­da­des físi­cas, socia­les y espi­ri­tua­les de la vida humana. Sería muy triste si un día se per­diera el espí­ritu del juego y el sen­tido de la ale­gría de la com­pe­ti­ción noble."

Algu­nos desa­fíos para los cris­tia­nos.

"¡Qué impor­tante es recor­dar el nece­sa­rio res­peto de la ética depor­tiva! ¡Cuán urgente es la res­pon­sa­bi­li­dad de los direc­ti­vos, de los atle­tas, de los cro­nis­tas y de los afi­cio­na­dos! Pienso, sobre todo, en los atle­tas que tienen ante sí un público, espe­cial­mente for­mado por jóve­nes, que los ve como mode­los para imitar. Con su ejem­plo pueden trans­mi­tir men­sa­jes de alto valor humano y espi­ri­tual. Al con­tra­rio, los com­por­ta­mien­tos inco­rrec­tos causan efec­tos noci­vos que, por des­gra­cia, se ampli­fi­can con una reso­nan­cia nega­tiva impre­vi­si­ble. Siem­pre hay que ser cons­cien­tes de esto."

«San Pablo recuerda que la exis­ten­cia es como una carrera en el esta­dio, en la que todos par­ti­ci­pan. Pero, mien­tras que en las carre­ras sólo uno triunfa, en la com­pe­ti­ción de la vida todos pueden y deben con­quis­tar la vic­to­ria. Y, para poder hacerlo, es pre­ciso ser mode­ra­dos en todo, tener la mirada fija en la meta, valo­rar el sacri­fi­cio y entre­narse con­ti­nua­mente para evitar el mal y hacer el bien. Así, con la ayuda de Dios, se con­quista la meta celes­tial.»

«Como prenda de que el Todo­po­de­roso os acom­paña en esta tarea, invoco sobre voso­tros […] los dones divi­nos de paz y ale­gría. Dios os ben­diga a todos.»

Discurso del Santo padre, Juan Pablo II, a la Asociación deportiva de fútbol de Roma. Jueves 30 de noviembre de 2000.
Discurso de Su Santidad Juan pablo II, a los miembros de la Federación Internacional de fútbol Asociado (FIFA). (FIFA). El lunes 11 de diciembre de 2000.

Volver