• 7 de diciembre de 2013
es

La aventura africana de Benjamín.

Benjamín esperando un poco de agua.

Ori­gi­na­rio de Viña del Mar, Ben­ja­mín Muri­llo nos relata sus pri­me­ros meses en Dakar (Sene­gal).

"Ha pasado el tiempo, ya van casi cuatro meses aquí y me voy con­vir­tiendo en un sene­ga­lés mas, mas acos­tum­brado al calor (aunque poco a poco empieza a hacer algo de frio... algo es algo) y a esta cul­tura. [...]

Como algu­nos saben, el carisma de Puntos Cora­zón es la com­pa­sión, es decir, la misión que hace­mos es sobre todo de com­pa­ñía, de pre­sen­cia al lado de quie­nes están mas solos, de quie­nes sufren, es una misión de rega­lar una amis­tad a quien lo nece­site, y así, poder ayudar a nues­tros amigos a seguir cami­nando con ale­gría y fe en la vida. Por lo que he ido viviendo me doy cuenta que aquí, el prin­ci­pal tra­bajo es con los niños... porque están siem­pre viniendo, porque pasan casi mas tiempo aquí que en su propia casa y llegan con cual­quier excusa con tal de estar aquí con noso­tros. Por ejem­plo Oli­vier llegó una noche con su cua­derno y un lápiz, tocó la puerta y me dijo: “vengo a tra­ba­jar” (hacer sus tareas), o Jimmy que viene cada mañana y pasa un rato en la capi­lla aunque no aguanta mucho tiempo tran­quilo. Char­lie tam­bién viene siem­pre, el vive en su mundo, es bien deso­r­de­nado, bien inquieto y muchas veces va a la cocina y pide pan, bus­cando si sobró algo del desa­yuno. Aquí la vida de muchos niños es el cole­gio y des­pués pasarse el día en la calle bus­cando algo con que jugar o pasarse un buen rato sen­tado afuera de la casa.

[...]Vivi­mos algu­nos días de fuer­tes llu­vias, espe­cial­mente un día que vol­vía­mos en el bus con todos los niños des­pués de un ensayo de la obra Kiri­kou y la hechi­cera en el teatro. Ese día llovía fuerte, tanto que al llegar cerca de nues­tro barrio, la calle se había trans­for­mado en un río. El bus en el que via­já­ba­mos no era de lo mas moderno y, en medio del río, se quedó en pana. El agua entraba por la puerta del bus hasta el segundo esca­lón y ahí está­ba­mos ais­la­dos sin poder mover­nos. No que­daba otra que empu­jar el bus hasta donde hubiera menos agua para que los niños pudie­ran bajarse y cami­nar hasta sus casas. Así que Mathia, el padre Thi­bault y yo nos baja­mos, y con el agua hasta las rodi­llas y la corriente que nos empu­jaba y hacia difí­cil el cami­nar, empe­za­mos a empu­jar. Entre los tres no movía­mos mucho el bus pero de apoco empezó a sumarse gente que nos ayudo y así empu­ja­mos el bus hasta un lugar seguro desde donde cami­na­mos con los niños, entre las pozas, hasta la casa. Fue toda una aven­tura de res­cate.

Así como hubo días de mucha lluvia, vivi­mos tam­bién varios días de sequia en todo Dakar. Hubo un pro­blema con un viejo tubo madre del agua pota­ble que ya no dio mas lo que ter­mino en que un día abrié­ra­mos la llave del agua en nues­tra casa y ya no saliera mas agua. Fue mas de una semana sin agua y cada día sin saber si vol­ve­ría. No es muy agra­da­ble no tener agua. Lo bueno es que apren­de­mos a valo­rarla y cada gota se vuelve impor­tante. Hay que lavar los platos con lo justo, tam­bién la ropa, o apren­der a lavarse los dien­tes usando medio vaso de agua. Cuando el agua volvió fue una feli­ci­dad tan grande; con Mathia y padre Thi­bault nos abra­za­mos, can­ta­mos, sal­ta­mos viendo como el agua, de a poco, empe­zaba a volver. [...]

Les cuento que al fin se pre­sentó la obra de teatro “Ki­ri­kou y la hechi­cera”. Kiri­kou es el mas chico de los niños de una aldea afri­cana. El es lleno de valen­tía y asume como misión salvar a su aldea de la bruja Karabà, que los man­tiene sin agua (como nues­tro barrio). Kiri­kou se pre­gunta siem­pre por qué Karabà es mala y así llega, poco a poco, a deve­lar este mis­te­rio que al final de todo es una espina enve­ne­nada que tiene cla­vada en la espalda y que la hace sufrir día y noche. Des­pués de muchos ensa­yos en nues­tra casa y el teatro, el 22 de sep­tiem­bre, los niños actua­ron en el teatro nacio­nal. Esta­ban ner­vio­sos, pero una vez que la obra empezó, se la juga­ron. Con el teatro lleno con mas de 1000 per­so­nas. Actua­ron muy bien, como buenos acto­res, y des­pués de la obra par­ti­mos a comer ham­bur­gue­sas... ¡es­ta­ban feli­ces! [...]

Yo les cuento que estoy apren­diendo a tocar la «kora”, que es un ins­tru­mento afri­cano de cuer­das, como un arpa, hecho con una cala­baza. La idea es poder acom­pa­ñar nues­tra ora­ción, la litur­gia de las horas, a la manera sene­ga­lesa, como se acom­paña en el monas­te­rio bene­dic­tino de Keur-Moussa, el cual tuve la opor­tu­ni­dad de cono­cer y hacer un retiro.

Amigos, para ter­mi­nar esta cró­nica, quiero decir­les que muchas veces el idioma no es fácil y hablo del idioma en gene­ral. Aquí par­ti­cu­lar­mente, muchas veces me faltan las pala­bras para decir algo en fran­cés y mas toda­vía en wolof. Pero digo que hablo del idioma en gene­ral, porque tam­bién me refiero a nues­tra propia lengua materna; a veces nos queda chica y no nos alcanza para expre­sar la belleza de un pai­saje, la pro­fun­di­dad de una amis­tad, la incom­pren­sión de un sufri­miento o el gozo de una gran ale­gría. [...]»

Benjamín

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