• 3 de septiembre de 2015
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Los primeros pasos de Puntos Corazón en la parroquia de Lampa.

Con el padre Ignacio y amigos Lampinos

Se accede a Lampa lle­gando al final de una larga y plana ruta, bor­dada de campos aca­ri­cia­dos por la brisa, el sol y el polvo. Sale del norte de San­tiago y deja la capi­tal repen­ti­na­mente, como si no tuviera nada mas que ver con ella. Los cerros de la pre-Cor­di­llera domi­nan la ciudad. Lampa se extiende alre­de­dor de una linda plaza sobre la cual se eleva el templo Parro­quial. Es un espa­cio moderno y flo­re­cido, tes­tigo de un tra­bajo rigo­roso de los fieles y de su párroco. El padre Igna­cio se encarga desde allí de un terri­to­rio parro­quial que se extiende sobre mas de 30 km y que cuenta con 14 capi­llas que forman tantas comu­ni­da­des

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¡Noooooo! Gri­ta­ron de una voz unos cua­renta jóve­nes que rodea­ban al Padre Igna­cio Pérez. El cone­jito de 5 días, se arras­traba por el piso inca­paz de andar y el padre estaba a punto de pisarlo… Pero retuvo su gesto, tomó el animal y lo puso de nuevo en su bol­si­llo. Este joven sacer­dote, cap­taba orgu­llo­sa­mente la aten­ción del audi­to­rio mien­tras los jóve­nes lo mira­ban sor­pren­di­dos por el espan­toso gesto que el sacer­dote había rea­li­za­dos con el cone­jito ame­na­zando con tras­for­mar a la bella cria­tura en una simple alfom­bra. « Este cone­jito es fruto de una vio­la­ción, añadió el padre, mamá conejo rehu­saba entre­garse al señor conejo!” El chiste relajó a la asis­ten­cia que se puso a reír, pero en unos ins­tan­tes enten­die­ron que es lo que el Padre quería decir con el ejem­plo. Recu­pe­rado el silen­cio del audi­to­rio el padre con­ti­nuo diciendo: “espero que este mismo grito brote de cada uno de sus cora­zo­nes cuando se trate de defen­der la vida del niño por nacer en Chile.

Este es el Padre Igna­cio, a quien se le des­cu­bre siem­pre con una per­so­na­li­dad alegre y entre­gada. El es el párroco de un terri­to­rio de mas de 30 kms y que cuenta con más de 14 capi­llas y el sábado se le puede encon­trar entre­gán­dose en la cate­que­sis a los jóve­nes de Lampa. Aquel día la vida humana infi­ni­ta­mente más pre­ciosa que la del pobre cone­jito volvió a encon­trar en los cora­zo­nes de aque­llos jóve­nes un valor infi­nito.

Desde el mes de abril, paso todos los fines de semana en Lampa tra­ba­jando junto al párroco pre­pa­rando la lle­gada de la comu­ni­dad. Habi­ta­re­mos en una casa al poniente de la ciudad, al pie de la mon­taña.

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Los sába­dos por la noche, des­pués de la misa, sole­mos visi­tar algu­nas fami­lias pobres y lle­var­les ali­men­tos junto con el Padre Igna­cio, de esta manera apo­ya­mos a los más nece­si­ta­dos que se encuen­tran en esta parro­quia.

Para muchos habi­tan­tes de Lampa, la vida es dura. Recuerdo que una noche fuimos a visi­tar una madre y sus cuatro hijas, alli nos sir­vie­ron un té caliente y una tor­ti­lla de choclo. ¡Qué ale­gría cuando el padre entró en la casa! La niñas mas grande de 8 y 5 años se tira­ron a su cuello. Lo abra­za­ron cari­ño­sa­mente y ellas le con­ta­ron las ulti­mas noti­cias. Sufren de la ausen­cia de su padre encar­ce­lado. El Padre ayudó a la fami­lia finan­ciando un pequeño cria­dero de galli­nas que se encuen­tra en el pequeño patio. La mamá cuenta que no quiere que sus hijas vean tele­no­ve­las y algu­nos pro­gra­mas de tele­vi­sión. El padre asiente y la invita a contar cuen­tos a sus hijas. “¿Que es un cuento?” pre­gunta la mayor. “¡Es una his­to­ria que sale de la ima­gi­na­ción!” con­testa el padre. “¿Pue­des con­tar­nos uno?” «Erase una vez, un prín­cipe feliz…» y el padre se puso a contar la his­to­ria de una esta­tua mara­vi­llosa de un prín­cipe des­per­tado de su sueno por una tór­tola que le devuelve la ale­gría invi­tán­dolo a dar sus rique­zas a los pobres. Las niñas lo escu­chan boca­bier­tas. Que bueno estar sen­tado a la mesa de este hogar donde nos sen­ti­mos en fami­lia.

Padre Thibault de P.

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