• 2 de abril de 2014
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María Jesús, de Viña a Tegucigalpa

María Jesús y Coni en el Punto de Valparaíso, Marzo 2014

Me llamo María Jesús Cáce­res y tengo 24 años. Soy de Viña del Mar y estu­dié His­to­ria en la Uni­ver­si­dad Adolfo Ibáñez de esta misma ciudad. Toda mi vida recibí una for­ma­ción cató­lica, gra­cias a la ins­truc­ción de mis padres, quie­nes siem­pre me ins­ta­ban a buscar a Dios en cada momento y en mi entorno, dán­dome una base suma­mente sólida en el ámbito de la fe.

Conocí Puntos Cora­zón en Enero del 2013 mediante un pro­yecto nacio­nal lla­mado Misión País, del cual yo par­ti­ci­paba desde el 2009. Tres misio­ne­ros de la casa de Val­pa­raíso (un fran­cés, un esta­dou­ni­dense y una polaca) nos acom­pa­ña­ron en esta ins­tan­cia, y al escu­char­los hablar, real­mente sentí como si fuera la voz de Dios hablán­dome a través de ellos. Yo siem­pre he pen­sado que el mayor regalo que uno le puede entre­gar a una per­sona es el de la amis­tad, un regalo tan simple y tan com­pleto, y el saber que Puntos Cora­zón bus­caba rega­lar esto a aque­llas per­so­nas que sufrían de una sole­dad inmensa, me hizo estar segura desde un primer momento de que esto era lo que yo siem­pre había estado bus­cando. Y no sólo yo, sino que Dios tam­bién. Es increí­ble, ¿cuán­tas veces en nues­tras vidas sucede que la volun­tad de Dios coin­cide con la nues­tra?

Más de un año des­pués de haber cono­cido esta gran obra, puedo decir que mi con­vic­ción sólo ha aumen­tado y se ha for­ta­le­cido, gra­cias al apoyo de mis más cer­ca­nos y mi rela­ción con Dios, que cons­tan­te­mente se va reno­vando mediante la ora­ción. Y, por supuesto, el tiempo que he pasado en el Punto Cora­zón de Val­pa­raíso, com­par­tiendo el apos­to­lado con los misio­ne­ros que resi­den ahí, me ha con­fir­mado esta con­vic­ción de que una amis­tad es lo fun­da­men­tal que una per­sona nece­sita para vivir. Y, al mismo tiempo, la gente del barrio de Por­ve­nir Bajo, en su pobreza mate­rial, me ha ense­ñado su gran riqueza inte­rior, me han abierto su cora­zón y me han entre­gado su amor. Real­mente, han hecho que la frase “Bie­na­ven­tu­rado aquel que tiene cono­ci­miento del pobre” cobre vida en la mía.

Para poder llevar a cabo todo este “plan de amor”, nece­sito ayuda externa, es decir, gente que me apoye eco­nó­mi­ca­mente para poder sus­ten­tarme durante mi tiempo de misión, lla­ma­dos “pa­dri­nos”, depo­si­tán­dome una cierta can­ti­dad de dinero cada mes. La idea de que fun­cione mediante este sis­tema de padri­naz­gos es para que más gente se haga par­tí­cipe de mi misión, ya que toda esta gente que me cola­bore, reci­birá una carta mía cada dos meses con infor­ma­ción de cómo aque­lla se va desa­rro­llando. Así se van ente­rando de lo que voy haciendo, qué tan lejos llega su aporte, y, a la vez, se van empa­pando del carisma de com­pa­sión carac­te­rís­tico de Puntos Cora­zón.

Gra­cias a estos apor­tes eco­nó­mi­cos, junto a una gran red de ora­ción, se me hará posi­ble partir a ini­cios de Junio a mi misión de 16 meses en el Punto Cora­zón Santa María Goretti en Tegu­ci­galpa, Hon­du­ras.

María Jesús

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