• 1ro de junio de 2011
es

Navidad en los cerros de Valparaíso

Claire, hija de Pascal y Bernadette.

Pascal y Ber­na­dette Lacaze, ori­gi­na­rios del sur de Fran­cia, uste­des viven desde hace 8 años en Chile. Jean-Pascal, tú tra­ba­jas como gerente de la viña Que­brada de Macul (Domus Aurea) y Ber­na­dette, tú te dedi­cas como edu­ca­dora espe­cial a los dis­ca­pa­ci­ta­dos de la muni­ci­pa­li­dad de Pro­vi­den­cia. El año pasado eli­gie­ron vivir la Navi­dad con sus hijos Claire, Paul y Alban, que tienen res­pec­ti­va­mente 6, 4 y 1 año, en medio de los más pobres de Val­pa­raíso en Playa Ancha, Por­ve­nir Bajo, con la comu­ni­dad del Puntos Cora­zón San Alberto Hur­tado. Allí viven 5 misio­ne­ros : Can­dela, de Argen­tina y Manon, Bruno y Nathan de Fran­cia. ¿Por­qué haber ele­gido vivir la Navi­dad en este barrio pobre de Val­pa­raíso con Puntos Cora­zón?

Pascal: Al prin­ci­pio todo partió con el deseo de dar otra mirada a nues­tros hijos res­pecto a nues­tro estilo de vida donde tene­mos todo para vivir sin preo­cu­pa­ción por lo mate­rial. Que­ría­mos ense­ñar­les algo que no podrían encon­trar que­dán­dose en nues­tra casa. Y se tra­taba tam­bién de par­ti­ci­par sen­ci­lla­mente en su misión, des­cu­brir el lugar donde viven los misio­ne­ros de Puntos Cora­zón y ayudar a la gente.

Ber­na­dette: Lo inte­re­sante era poder poner un rostro sobre la pobreza. La vemos siem­pre por la tele­vi­sión o en la calle, pero allí fuimos a su casa y era muy dis­tinto. Que­ría­mos com­par­tir un momento con ellos, cono­cer­los, des­cu­brir un poco de su vida.

Visi­ta­ron a dos fami­lias, la pri­mera vive una pobreza moral porque la madre es depre­siva y una de las hijas no estaba ya que se encon­traba en un centro de ree­du­ca­ción. La segunda vive una pobreza mate­rial muy grande, el padre tiene 30 años y tra­baja como comer­ciante ambu­lante y la madre 27 años y está emba­ra­zada de su sép­timo hijo. Toda la fami­lia vive en una media-agua sin luz ni ven­tana. ¿ Qué fue lo más impac­tante para uste­des en estas visi­tas?

Ber­na­dette: En primer lugar, Can­dela (una de las misio­ne­ras) hizo muy bien la tran­si­ción entre las fami­lias y noso­tros. Gra­cias a los volun­ta­rios, las dos fami­lias nos aco­gie­ron muy bien y eso con­tri­buyó a que todo trans­cu­rriera bien. En la segunda fami­lia, encon­tra­mos un nivel extremo de pobreza. Pero lo que me marcó fue la son­risa de los niños, la ale­gría de esta fami­lia. La mamá había hecho un árbol de navi­dad con alam­bre que adornó con una guir­nalda. Estaba feliz porque a medio­día había reci­bido un almuerzo caliente. Cuando lle­ga­mos donde esta fami­lia, mien­tras bajá­ba­mos del auto, uno de los hijos que era un poco mayor que nues­tro hijo Paul quiso ayu­dar­nos a bajar, abrién­do­nos las puer­tas del auto…como un ver­da­dero gent­le­man, con mucha deli­ca­deza. Es dis­tinto tan sólo ver que real­mente cono­cer a las per­so­nas. Tengo una reve­la­ción que te quiero hacer. Antes yo pen­saba que la com­pa­sión es algo bonito pero la gente que encon­tra­mos en Val­pa­raíso nece­sita algo con­creto. Que buena es la ora­ción pero esa gente tiene que tra­ba­jar para poder vivir…soy muy mate­ria­lista. Pero cuando visi­ta­mos la pri­mera fami­lia y ví la mirada de los niños y la de la mamá con depre­sión cru­zarse con la mirada de Can­dela la misio­nera, allí me dí cuenta que yo era una tonta. Obvia­mente, nece­si­tan cosas mate­ria­les pero nece­si­tan tam­bién ser apo­ya­dos en el nivel emo­cio­nal, espi­ri­tual, es la base. Y es desde esta base que ten­drán ganas de salir ade­lante porque sen­ti­rán que no están solos, que tienen a alguien que viene con una son­risa. Allí ver­da­de­ra­mente entendí lo que es la com­pa­sión; la meta de Puntos Cora­zón y enton­ces todo el tra­bajo de fondo que están haciendo. De afuera uno opina que estas fami­lias pobres tienen otras nece­si­da­des pero, cuando lo vives, entien­des. Si no lo hubiera vivido no lo habría enten­dido. Un pequeño momento como estos todos los días o dos veces a la semana te per­mite cami­nar, salir ade­lante.

Pascal: Per­so­nal­mente, había enten­dido que esta misión de com­pa­sión era la más pro­duc­tiva de todas las misio­nes porque sin medios logra ilu­mi­nar cora­zo­nes pobres. Que­re­mos con­cre­ta­mente solu­cio­nar pro­ble­mas que a veces no solu­cio­nas sino de manera super­fi­cial pero no con o desde el cora­zón . Para noso­tros estos encuen­tros fueron muy con­mo­ve­do­res, vimos son­ri­sas, vimos ale­gría, la hemos per­ci­bido, expe­ri­men­ta­mos una comu­nión con ella. En un momento, uno se pre­gunta por qué si la pobreza es tan grande vale la pena inten­tar solu­cio­narla. No pien­sas direc­ta­mente que es dando ale­gría como lo hici­mos en ese momento, reco­no­cién­dose como parte de su misión de todos los días.

Una última pala­bra para con­cluir.

Ber­na­dette: El rostro de la pobreza diría yo, es mag­ni­fico si se sabe mirarlo bajo un cierto aspecto. Apren­di­mos que aun en la pobreza la huma­ni­dad es bella.


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