• 11 de septiembre de 2014
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Noticias de Maca en Buenos Aires

En su segunda cró­nica, nues­tra misio­nera chi­lena nos com­parte su tes­ti­mo­nio del apos­to­lado en el Hos­pi­tal Muñiz de Lanus.

«A pesar de tener muy pre­sente la ora­ción a la hora de hacer las visi­tas a nues­tros amigos del barrio, ya que con ellos siem­pre reza­mos antes de des­pe­dir­nos, jamás sentí más nece­si­dad de amor y de ora­ción, como dentro del hos­pi­tal. Es como esas cosas que te ponen la piel de gallina y hacen que el cora­zón se te salga por la gar­ganta. Nunca me sentí más cerca de Dios que junto a las muje­res del hos­pi­tal, que ya muchas sin fuer­zas físi­cas rezan con una ale­gría y espe­ranza, que yo jamás vi. Nos piden ora­cio­nes por sus fami­lias y por su salud y las que ya están hace más tiempo espe­ran nues­tra visita con mucho cariño, ya que a varias no las pueden visi­tar con fre­cuen­cia sus fami­lias, porque vienen de otros luga­res de argen­tina o de otros países (eso se ve muchí­simo). Tam­bién hay muchas per­so­nas que viven en la calle y llegan al hos­pi­tal en muy mal estado y con enfer­me­da­des muy duras como VIH y tubercu­lo­sis. El impacto de verlas es MUY fuerte, pero sentir que puedes ayu­dar­las aunque sea por unos segun­dos a olvi­dar sus dolo­res físi­cos y su tris­teza ENORME, y hasta hacer­las son­reír, es el regalo más grande que he tenido hasta ahora. Es por esto que les pido con todo el amor del mundo que recen por los hom­bres y muje­res que están enfer­mos y sobre todo por los que llevan este enorme peso en sole­dad.

Noso­tras visi­ta­mos la sala de las muje­res y los chicos la de los hom­bres y en con­junto vamos a la sala de los niños, que en su mayo­ría tienen VIH… He cono­cido a per­so­nas muy espe­cia­les en el tiempo de visita al Hos­pi­tal. Tam­bién he sufrido como nunca antes, viendo rea­li­da­des que pare­cen saca­das de la pelí­cula más triste del mundo, y que sien­tes que es casi impo­si­ble que esto suceda en la vida real… Por lo tanto sabrán que es muy duro estar ahí al frente de todas estas muje­res y niños con vidas tan tan terri­bles y uno al mirar su propia vida que se ve tan sen­ci­lla, de manera casi cari­ca­tu­resca, ante toda esta tra­ge­dia, me hace expe­ri­men­tar lo difí­cil que es poder dar aliento. Lo iró­nico es que pare­ciera que ellos te con­sue­lan a ti, con su son­risa o con la sin­ce­ri­dad con que hablan de sus vidas en tu pre­sen­cia, muchas veces con­tán­dote cosas real­mente per­so­na­les, como si te cono­cie­ran de toda la vida. Jamás te dejan partir sin una ora­ción o sin pedirte que reces por ellos y sus fami­lias. Para enfren­tar mi mala memo­ria que al prin­ci­pio con­taba, por lo gene­ral llevo los nom­bres de todos con los que puede com­par­tir, ano­ta­dos para no olvi­dar­los, y así poder pedir por ellos de manera espe­cial en el momento de la ora­ción, antes de irnos a dormir.

Espero haber con­tado sobre las cosas que se pre­gun­tan de mi esta­día en la Villa, en esta her­mosa misión de Puntos Cora­zón.»

Pueden tam­bién leer la entre­vista de Maca­rena por el diario La Segunda


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