• 15 de agosto de 2010
es

Nueva York: Ciudad de soledad

Empire State Building, Manhattan

Ima­gi­na­mos Nueva York como el Eden donde vivir seria mejor. Sin embargo, desde su fun­da­ción, el Punto Cora­zón Juan-Pablo II des­vela otro rostro de esta ciudad potente. A través del tes­ti­mo­nio de la Her­mana Regina Fohrer, Ser­vi­dora de la Pre­sen­cia de Dios, una rama de Puntos Cora­zón, des­cu­bri­mos de manera más aguda lo que Nueva York esconde en sus entra­ñas.

"Cada semana con Sylvia, pasa­mos tiempo con muje­res viviendo en un hogar en Broo­klyn, donde hay 200 muje­res agru­pa­das en dor­mi­to­rios de 8 a 9. El ambiente vio­lento se explica tam­bién por los pro­ble­mas sico­ló­gi­cos que muchas tienen. Y enton­ces, es real­mente dolo­roso ver sus huma­ni­da­des tan des­trui­das, fra­ca­sa­das. […] A pesar de su sed inmensa de amis­tad, les cuesta que­darse fiel y com­pro­me­terse a estos encuen­tros sema­na­les con noso­tros. Hay que estar aten­tas para acoger todo lo que podrá surgir. Y cada semana es una exi­gen­cia de dis­po­ni­bi­li­dad por lo que puede surgir de estos encuen­tros; su ale­gría que nos encon­tre­mos de nuevo, sus espe­ran­zas y sus gritos de dolor, pero tam­bién su indi­fe­ren­cia, su vio­len­cia, su agre­si­vi­dad verbal y a veces su per­ver­si­dad… Nos sor­prende tam­bién su reac­ción frente a la visita de muje­res con­sa­gra­das. A menudo, se corri­gen cuando usan malas pala­bras, o abro­chan un poco más sus blusas, como si nues­tra voca­ción les reve­lará su dig­ni­dad de muje­res, ¡des­per­tará en ellas el deseo de una cierta pureza!

Algu­nas de aque­llas muje­res tienen una fe increí­ble. Su ora­ción es un ver­da­dero pedido y todo en su acti­tud revela cuanto saben que nece­si­tan la mise­ri­cor­dia de Dios, cuanto espe­ran su perdón. Muchas veces, la pala­bra de Dios es el único libro que tienen y llega a ser un ver­da­dero ali­mento para ellas. Entien­den con mucha pro­fun­di­dad que Dios les hará libres. Déjenme pre­sen­tar­les una de estas amigas.

Cas­san­dra llegó al hogar hace varios meses. Debido a un acci­dente vas­cu­lar, nece­sita un anda­dor para cami­nar. La pri­mera vez que nos encon­tra­mos, estaba frente al hogar, espe­rando ansio­sa­mente a su tío que le iba a traer ropa. Espe­ra­mos juntas y con­ver­sa­mos un rato. No es nada fácil ganar la con­fianza de muje­res que tantas veces fueron enga­ña­das por la gente. Poco a poco, me enteré de que Cas­san­dra tenía tres hijos y que había sido casada durante trece años con un hombre que tomaba y la gol­peaba. Me contó rién­dose como su marido intentó ence­rrarla en el refri­ge­ra­dor o como se quedó atra­pada en el lava plato… Al final, su marido se ins­taló con otra mujer y Cas­san­dra se quedó sola, en la vereda de su casa. Perdió todo: casa, auto, plata y hasta su tra­bajo debido a su salud. Llego al hogar, puesto que su abuela no quiso aco­gerla. Lo único que quiere ahora es volver a vivir con sus hijos que fueron con­fia­dos a los ser­vi­cios socia­les. Lo que más me impre­siona en esta mujer es que sigue estando de pie, con ganas de luchar, de buscar solu­cio­nes para obte­ner un depar­ta­mento… Hay una fuerza en el hombre, una capa­ci­dad grande para rena­cer…"


Manhatan
Volver