• 6 de diciembre de 2010
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Peregrinación Santiaguina

Para los 20 años de Puntos Cora­zón, cada una de las 25 casas repar­ti­das por el mundo orga­nizó pere­gri­na­cio­nes al san­tua­rio mariano más cer­cano, para con­sa­grar el movi­miento a la Virgen y dar gra­cias por estos veinte años de vida. Aquí en San­tiago nos reu­ni­mos en el Cerro San Cris­to­bal.

"Tres días antes de cele­brar el bicen­te­na­rio chi­leno, pro­pu­si­mos a nues­tros amigos hacer un break en los pre­pa­ra­ti­vos de la fiesta para acom­pa­ñar­nos en la cele­bra­ción de nues­tros veinte años de vida. Des­pués de un corto ensayo de cantos, una última mirada a la homi­lía, cru­za­mos San­tiago para llegar al punto de encuen­tro, al pie del Cerro San Cris­tó­bal del cual la Virgen cuida amo­ro­sa­mente la ciudad. Nos reu­ni­mos con un grupo de amigos para ini­ciar su ascenso sem­brando los «Dios te salve…» detrás del padre Chris­tian ele­ván­do­nos poco a poco sobre la ciudad bañada por la luz de una her­mosa puesta de sol.

Otros amigos esta­ban espe­rando en la cima. Fuimos muy toca­dos por la diver­si­dad de los amigos pre­sen­tes: vinie­ron amigos de nues­tra parro­quia, veci­nos, uni­ver­si­ta­rios, semi­na­ris­tas de otros movi­mien­tos, pro­fe­so­res, la fami­lia de una misio­nera chi­lena, unos amigos que nos reci­bie­ron desde nues­tra lle­gada y amigos de la comu­ni­dad fran­cesa.

Can­sa­dos aun por nues­tro ascenso, cada uno entró en la ora­ción, tra­tando de pre­sen­ciar en este pequeño san­tua­rio todos los ros­tros de nues­tra fami­lia espi­ri­tual, tra­tando de alcan­zar a María al pie de la cruz: "[...] y al pie de la cruz estaba la madre de Jesús." Des­pués de la pro­cla­ma­ción de este evan­ge­lio que sig­ni­fica tanto para nues­tra misión de pre­sen­cia y de com­pa­sión, el padre Lorenzo nos hizo revi­vir los pri­me­ros veinte años de Puntos Cora­zón en las manos de María, "veinte años en los cuales hemos apren­dido a sufrir, a amar, a ser ...". Luego, pro­nun­cia­mos un acto de con­sa­gra­ción a Nues­tra Señora de Com­pa­sión.

Des­pués de admi­rar la inmensa ciudad ilu­mi­nada y reju­ve­ne­ci­dos por esta mara­vi­llosa cele­bra­ción, baja­mos a Bella­vista para cele­brar nues­tros veinte años en la terraza de un café."

Vincent de P.

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