• 11 de mayo de 2015
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Polonia: Pani Krystyna mi cactus Zygo

Qui­­siera con­­tarte de una flor muy espe­­cial, en Botá­­nica se llama Cactus Zygo, en la tierra de los hom­­bres se llama Pani Krystyna. Es un cactus espe­­cial, flo­­rece durante las fie­s­­tas de Navi­­dad y de Pascua. Pani Krystyna tuvo tres hijos, su hija Żaneta ha muerto cuando tenía 25 años a causa del alcohol. Dejó entre otras cosas una nueva vida: Betka, que ahora tiene 13 años. Desde el año y medio vive en el hogar de las her­­ma­­nas fra­n­­ci­s­­ca­­nas. Cuando la conocí, cada fin de semana venía a pasarlo en la casa de su abuela. Hace cerca de 8 meses, su tío Adam, recayó en el alcohol, a veces se pone agre­­sivo con Pani Krystyna y con su novia Nina, rompe las cosas de la casa, roba el dinero de la casa para com­­prar unas cer­­ve­­zas.

Debido a esta situa­­ción, el gobierno ha deci­­dido que Beatka resida de manera per­­ma­­nente en el hogar, incluido los fines de semana, hasta que tenga 18 años. Para Beatka y Pani Krystyna fue un golpe fuerte. Beatka está habi­­tada por una gran pre­­gunta: “¿por qué no puede ir a mi casa? ¿Por qué ya no puede jugar con mi perro? Yo sé que mi tío está enfermo, pero es mi fami­­lia. ¿Por qué? ” Pre­­gunta difí­­cil de res­­po­n­­der… ¿Qué hacer? ¿Una revo­­lu­­ción? ¿Acaso eso cam­­bia­­ría algo? Una cosa es cam­­biar la inju­s­­ti­­cia exte­­rior, pero qué hacer con la inju­s­­ti­­cia que Beatka vive en su cora­­zón. Empezó a buscar solu­­cio­­nes, y llegó a la idea de sui­­ci­­darse. La tra­s­­la­­da­­ron a un hos­­pi­­tal psi­­quiá­­trico para niños. Allí paso la Navi­­dad. Des­­pués de algu­­nas sema­­nas, regresó al hogar, pera a Pascua nue­­va­­mente intentó sui­­ci­­darse. Una ado­­le­s­­cente en busca de…

Pero aún no ter­­mina la his­­to­­ria. La otra hija de Pani Krystyna, Agnieszka enferma de epi­­le­p­­sia y con un carnet social que dice: dis­­ca­­pa­­ci­­tada, tiene dos niños, Patrycja de 13 años tam­­bién y Tomek de 11. Patrycja desde un año viene con pro­­ble­­mas, bus­­cando alguien a quien seguir, se acercó a un grupo de ado­­le­s­­cente mayo­­res que ella (16-17 años), comenzó a tomar drogas, una sobre­­do­­sis tam­­bién la llevó al hos­­pi­­tal psi­­quiá­­trico. Hace un mes y medio, su madre la enco­n­­tró en el baño, des­­ma­­yada, una vez más había inte­n­­tado qui­­tarse la vida. Una ado­­le­s­­cente en busca de...

En esta tierra vive mi cactus Zygo. Sus hojas son muy suaves, son esos peque­­ños gestos de Pani Krystyna, que con mucha dig­­ni­­dad revuelve su tasa de café, que con total deli­­ca­­deza me sirve el almuerzo, me compra un jugo y un pan para que no tenga hambre en el viaje hacia el hos­­pi­­tal psi­­quiá­­trico para visi­­tar a Beatka y Patrycja. La forma de sus hojas no son per­­fe­c­­tas, con bordes áspe­­ros, con unas puntas que pare­­cen dañarte como todo el drama que vive en el día a día, pero al toca­r­­las des­­cu­­bres que son muy dulces, que se nos regala un mis­­te­­rio dema­­siado grande para des­­cri­­birlo, el mis­­te­­rio de dejarse amar y ser amado. Un mis­­te­­rio lleno de luz y de sile­n­­cio.

Al final, mi cactus Zygo, con esas hojas defo­r­­ma­­das unidas unas a otras a manera de tor­­be­­llino, no apa­­renta ser muy fuerte, parece can­­sada y sin vida… ¿qué se puede espe­­rar de este cactus? Y es ento­n­­ces que una mañana te leva­n­­tas y ¡oh!... ¡¡Ha flo­­re­­cido!! Y en los mome­n­­tos de mayor estrés, de dese­­s­­pe­­ranza ¡flo­­rece! mue­s­­tra sus flores rosas con una leve bla­n­­cura, son las flores de su son­­risa al ver a sus nietas, son sus ojos llenos de agra­­de­­ci­­miento por haberla aco­m­­pa­­ñado, por haberla escu­­chado, son esa capa­­ci­­dad increí­­ble de ver la belleza de las peque­­ñas cosas “si mi hijo anoche no me dejó dormir, pero mira lo que, HOY, hay en mi ven­­tana, ¡flo­­res!

Angie B. (Var­so­via - Polo­nia)

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