• 11 de mayo de 2017
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Primera carta de Carolina en Brasil

Antes de partir y cuando emprendí este viaje, con esta invi­ta­ción que Dios me hizo, venia refle­xio­nando, sobre el hacer, sobre el sen­tido de mi tra­bajo. ¿Cómo poner y ver a Dios en lo que hago? Me pesa mucho mi tra­bajo, como lidiar con las per­so­nas difí­ci­les.

Al llegar a la Fazenda tuvi­mos mucho tra­bajo de lim­pieza, para pre­pa­rar para Semana Santa, y yo me seguía cues­tio­nando todas estas inte­rro­gan­tes, y obser­vaba a todos tan ocu­pa­dos. Los veía tan resuel­tos, parece que todos ellos ya encon­tra­ron la res­puesta. Y tanto por hacer, pero ¿qué es lo más impor­tante? Veía la inu­ti­li­dad de ocu­parse dema­siado. Dentro de todo el aje­treo diario, en un momento de ado­ra­ción y ora­ción, Dios habló a mi cora­zón, y la única res­puesta fue: el Amor es ser­vi­cial.

A todos muchas veces los tra­ba­jan nos pesan, es nues­tra cruz, pero ¿qué hay mas allá? me pre­gunto, y la única res­puesta que bajó a mi cora­zón es: Amor.

Pero ¿por qué nos cuesta tanto el tra­bajo y porque se nos hace difí­cil? Pues el Amor no es un sueño, el Amor requiere sacri­fi­cio, el Amor no está en una nube rosa, el ver­da­dero Amor no nos hace ale­jar­nos de la rea­li­dad humana.

El Amor comienza con los peque­ños gestos en la vida coti­diana, como salu­dar, lavar, barrer, bañar a un pequeño, pre­pa­rar una comida, en las cosas más sim­ples.

Amar las cosas que hace­mos y ellas nos amarán. Poner amor en todas las cosas y el camino ya no se hace tan pesado, porque ahora tiene un sen­tido pro­fundo. Poner amor en las peque­ñas cosas, que a nues­tro cri­te­rio pare­cen una pér­dida de tiempo, pues hay cosas más impor­tante de que ocu­parse, pues Dios no nos pide crear y hacer mucho, sino sim­ple­mente acep­tar lo que hoy tene­mos y mejor aún apren­der de nues­tras ocu­pa­cio­nes. Encar­nar nues­tro amor en las peque­ñas cosas de las vidas, pues todo es impor­tante y merece igual impor­tan­cia.

Si me pre­gun­ta­ran porque estoy acá hoy. Puedo res­pon­der por Amor, siento que Dios me regala este tiempo para apren­der a Amar más pro­fun­da­mente todas las cosas que acon­te­cen en mi vida cada día, pues Dios es pre­sente. Amar lo que hoy Dios dis­pone en mi pre­sente. Amar el hoy. Pues cada día tiene su propio afán.

Si me pre­gun­ta­ran hoy ¿por qué no hiciste esto en tu país, en tu barrio, en tu fami­lia, porque tan lejos, y sí tiene razón, es nece­sa­rio empe­zar por casa?, sin embargo pre­ci­saba vaciar el cora­zón, de los apegos, del idioma, dejar mis ocu­pa­cio­nes en Chile para dejarme ocupar por Dios, al ser­vi­cio del pró­jimo.

Los planes de Dios son per­fec­tos y decidí decir sí a esta invi­ta­ción. Todo está al ser­vi­cio del amor, sin embargo no es posi­ble sin la gracia de Dios. Pido a Dios que me dé la gracia de amar cada cosa que hago cada día, de amar cada día más y mejor.


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