• 17 de abril de 2018
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Primera carta de Trini

Todos los días encuentro a alguien que cambia un poquito mi vida, que me sorprende con sus heridas o con su fuerza.

Extracto de carta de Tri­ni­dad, viviendo hace un mes en San José, Costa Rica

Si solo nece­si­tara una pala­bra para defi­nir mis días en puntos cora­zón la pala­bra seria “en­cuen­tros” . Es salir por las calles con mis her­ma­nas de comu­ni­dad y encon­trar a per­so­nas, per­so­nas con caren­cias eco­nó­mi­cas y afec­ti­vas, es encon­trar per­so­nas con mis mismas falen­cias, es encon­trarme con Dios y con­migo todos los días. Todos los días encuen­tro a alguien que cambia un poquito mi vida, que me sor­prende con sus heri­das o con su fuerza.

Bueno, de estos encuen­tros hay dos que han cam­biado mi vida, y los qui­siera des­ta­car; el pri­mero es de mi buen amigo Pedro él tiene diez años y nos hici­mos amigos ense­guida nos vimos. El papá de Pedro murió hace años y su mamá es dro­ga­dicta, por lo que vive con su abue­las­tra que lo quiere como si fuera su hijo; por el echo de que su mamá se dro­gaba durante el emba­razo Pedro es hiperac­tivo y siem­pre está de aquí para allá con sus juegos y sus ocu­rren­cias, salvo cuando reza­mos y se sienta lo más callado que puede. Otro amigo es Isaac. El papá de Isaac tiene insu­fi­cien­cia renal y su mamá cáncer. El pude ser como muchos niños en el mundo que sufren, pero lo que me remo­vió de el en lo más hondo fue verlo en el via­cru­cis (aquí se hacen todos los vier­nes de cua­resma) con su abuela, ambos sin rebel­día alguna, con una paz y humil­dad espe­rando por una res­puesta de Dios.

Trinidad Caro Mallol

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