• 21 de junio de 2018
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Segunda carta Trini

Extracto carta de Trinidad, de misión en Costa Rica

Quiero con­tar­les un poco de mi comu­ni­dad, quiero dejar por escrito que son el regalo más grande que Dios me pudiera haber dado, ellas me hacen decir “da­yenu” (eso nos habría bas­tado) todos los días. Porque cuando veo todo lo que hacen en mí y por mí, noto como solo me bas­ta­ría la vida en comu­ni­dad para dar gra­cias a Dios por mi misión el resto de mis días y sería poco.

Mis her­ma­nas cada una en sus com­ple­ji­da­des fueron selec­cio­na­das cui­da­do­sa­mente por Dios para que ahora este­mos juntas en esta misión, y cada una hace un tra­bajo en mí que jamás creí nece­si­tar.

  • Analía (argentina) con sus dones que pone al servicio de Dios y del barrio, me impresiona y me invita a no encerrarme en mi misma y esconder mi talento por miedo; como en el evangelio “por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo” (Mt 25: 25). Analía además tiene un don increíble que tienen muchos argentinos y es decir siempre la verdad y lo que piensa.
  • Paulina (belga) es la más pequeña de la comunidad tiene diecinueve años (uno y medio menos que yo). Cuando se fue me dejó un pequeño vacío, ella y yo siempre cantábamos juntas. Habían días en que yo estaba melancólica o pensativa tocando la guitarra y ella solo se me acercaba y me decía que cantáramos juntas. Con este pequeño acto ella, tal vez sin saberlo, me sacaba de mi misma y al mismo tiempo me alegraba. Con paulina tuve conversaciones que me llenaban de Dios, porque ella siempre ante todo me invitaba a rezar.
  • Agnes (francesa) es una de las personas que más me llama la atención de la misión, nunca en mi vida había visto a una consagrada tan maternal, ella se da toda en todo, en cada pequeña cosa, tanto que hay días en que me frustra vivir tanto para mí misma.
  • Beatriz (salvadoreña) es mi hermana simplemente, ella sabe cuándo estoy bien, mal, cansada, o enojada. Ella está ahí para consolarme o para corregirme con amor; para reírnos juntas o para llorar también. Me ayuda en las adoraciones, me recuerda las cosas importantes. Es simplemente un regalo que me hizo Dios.

Trinidad Caro Mallol

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