Benjamín, misionero chileno, de misión en el Punto Corazón de Barrios Altos, en Lima desde junio de 2010, escribió a sus padrinos este testimonio.
" […]Ya llevo un mes lleno de vida. Lo que pasa es que la verdad en este poco tiempo he vivido mucho, he conocido muchas personas, muchos amigos y no he dejado de recibir.
[…]Cada tarde, después de rezar el rosario con los niños, salimos a visitar a los amigos del barrio. Siempre hay alguien que se queda en la casa y que se encarga de jugar con los niños que vienen, además de preparar el almuerzo y guiar las oraciones que hacemos en la mañana, tarde y noche. Esta labor de hacerse cargo de las tareas del día se llama permanencia porque el que lo hace permanece en la casa. Ya me ha tocado quedarme con los niños en la tarde y tratar de inventar algún juego. Siempre llegan la Ceci con el Mati, Gerardo, Nayeli, Noemi, Maryorie y varios más. Creo que el más fiel es José Luis que tiene 7 años y tiene problemas para hablar. Le traté de enseñar mi nombre pero no hay caso, me dice Cascamin o Jatamin. José Luis me pasa pidiendo que la haga avioncito haciéndolo girar de los brazos o que lo tire para arriba. Él es el niño de los por qué… a todo dice por qué. El otro día me miraba la barba (que hace tiempo que no me la cortaba) y me decía «¿hermano por qué tienes eso?» y me apuntaba la barba. Porque no me he afeitado le dije, «¿por qué?», porque no he tenido tiempo, «¿por qué hermano?» porque si José Luis… y así es con todo.
La oración es muy importante y es lo que marca nuestro día. Entre las 9 y las 12 en la mañana, cada uno tiene que hacer una hora de adoración al Santísimo, y hay que organizarse con el tiempo según lo que te toque hacer (ir al correo o al mercado los Lunes, hacer el aseo de la casa, cocinar, pagar las cuentas, ir al hogar de la paz [hogar de la Hermanas de la Caridad que acogen a personas discapacitadas] los viernes o al cementerio los sábados). Después de las visitas, rezamos las vísperas (oración de la tarde) y a las 7 vamos a misa, aunque los martes y sábado vamos a las 7 de la mañana.
[…]Casi siempre que vamos a misa […], nos encontramos con el Chano, un amigo que tiene como 21 años. El es retrasado y no habla pero se expresa con el corazón. Siempre que nos ve corre hacia nosotros, nos abraza y a veces nos acompaña a misa. A veces está muy contento y parece que explota de alegría, otras está triste y lo tratamos de alegrar. Un día, con el Tim encontramos a Chano en la esquina llorando y no quería ni que le habláramos pero finalmente logramos convencerlo de que fuera a la casa, rezamos con él y tomaba un libro de oraciones y hacía como que leía y cantaba y nos dirigía la oración. La verdad es que el Chano siempre me da mucha alegría porque tiene un alma de niño verdadero, vive de un lado para otro en el barrio, la gente lo quiere, siempre lo veo almorzando en un lugar distinto (en la calle hay muchos puestos de comida y las señoras se encariñan con chano y le dan almuerzo). Él me lleva a saludar a toda la gente que conoce, me toma la mano y me la acerca a algún amigo suyo. Yo me escondo para asustarlo y después el se esconde y nos asusta a todos y se mata de la risa y hace una especie de grito de alegría desbordante. Si lo vieran… el Chano es puro amor!
[…]A las 8 y media de la noche llegan amigos para la “tertulia de la noche” con un buen canturreo, conversa y algún juego de mesa. Ahí viene el Lucho, Paul, Junior, Tenilson, Romi, Karen, Reinaldo, Giovana, Nestor, Dani… El tema del momento es el mundial y conocen bien a los jugadores de Chile. Siempre hay alguna broma por ser chileno y al final nos reímos. Me doy cuenta que peruanos y chilenos somos muy hermanos pese a las diferencias del pasado que hay. Hay muchos peruanos que tienen familia en chile o antepasados chilenos. […]

