• 24 de noviembre de 2011
es

Testimonio de vida, Benjamín en Lima

Benjamín y su amigo Chano.

Ben­ja­mín, que en pocos días estará de vuelta a Chile nos com­parte unas expe­rien­cias con­mo­ve­do­ras de su misión en Lima.

"Hace poco fuimos un domingo a la casa de unos amigos para cuidar a sus hijos que se que­da­ban solos por la mañana porque la mamá tenía un retiro y el papá tra­ba­jaba. Son tres, el menor de 7 años, el del medio, Martín, que tiene como 10 y sufre de sín­drome de Down y autismo y la mayor de 16. Fue un domingo muy sen­ci­llo, muy normal, en fami­lia. Almor­za­mos juntos y en la mañana el mas chico dormía, Martín estaba en su cama y la mayor estu­diaba. Al otro día, su mamá nos contó que para su hija había sido el mejor día de su vida y me quedé pen­sando en esto. No había sido ningún gran paseo ni nada extra­ordi­na­rio, pero en lo más simple de que­darse en la casa fue el mejor día de la vida. Pienso que así era para la virgen María; era tan sen­ci­lla que no había un día más bueno o uno peor, siem­pre «hoy» era bello.

Hace poco me pasó una anéc­dota que les quiero contar. Fuimos a misa a la parro­quia de Mira­flo­res porque luego íbamos a la des­pe­dida de un amigo fran­cés que vino a estu­diar a Lima. Al final de la misa, me arro­di­llé en la banca y me quedé rezando un rato. Char­lotte, que estaba al lado mío me contó que de los pri­me­ros asien­tos se levantó un señor con sín­drome de down y me miró fija­mente y se fue directo hacia mí que estaba sen­tado más atrás. Yo estaba con los ojos cerra­dos rezando y en eso siento que alguien me abraza fuer­te­mente y me da un fuerte beso en la meji­lla y rápi­da­mente me doy cuenta que es este señor y lo abracé tam­bién como un poco incó­modo. Luego me dio otro beso y se fue. Des­pués yo les decía en broma a mis her­ma­nas de comu­ni­dad que justo en ese momento estaba pidién­dole a Dios que me demos­trara su amor y bueno, ya ven el resul­tado. Pero fuera de bromas, siento que fue un abrazo de Cristo."


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