• 9 de abril de 2013
es

Un Viñamarino en El Salvador

Felipe Rojas

¿Pipe estás siguiendo la for­ma­ción para irte de misión con Puntos Cora­zón, como lle­gaste a cono­cer esta obra?

Escu­che en boca de una amiga el tes­ti­mo­nio de Ben­ja­mín, el segundo joven chi­leno que se fue a misio­nar, cuando llegué a mi casa, puse en el bus­ca­dor de inter­net el nombre de Puntos Cora­zón y ahí me encon­tré con la sor­presa que vivían en Val­pa­raíso, llamé y les dije que iba a ir a cono­cer­los, de ahí no nos sepa­ra­mos, y fue en Octu­bre del año pasado cuando decidí pro­fun­di­zar esta inquie­tud fuerte que sentía y que no se iba de mi cabeza, me formé durante un mes con el Padre Lorenzo y Thomas que hoy ya es dia­cono, para dis­cer­nir este lla­mado, y bueno, hoy soy un amigo de los niños chi­leno a pron­tas de irse a misio­nar.

¿Par­tir de misión sig­ni­fica cier­tos sacri­fi­cios, dejar la fami­lia los amigos, que te animó a tomar esta deci­sión?

Sin duda, la misma deci­sión de acep­tar este desa­fío, te enseña a vivir la com­pa­sión con tu fami­lia y cer­ca­nos, al darte cuenta que si bien es una deci­sión libre el irte, nadie le pre­gunto a los que deja­ras si que­rían que te fueses, en ese sen­tido hay dolo­res, sobre todo en los ojos de las madres y padres y her­ma­nos y amigos que dejas, pero tam­bién es cierto que sufrir es una deci­sión tanto como el ser feliz, y en ese sen­tido si bus­ca­mos la verdad del ser humano un buen camino es la liber­tad, y para hallar esta, la liber­tad, el des­pren­di­miento es un buen ejer­ci­cio, es esto lo que me animo a tomar la deci­sión a vivir la expe­rien­cia de la total dis­po­ni­bi­li­dad a Dios, de una entrega total al otro (pró­jimo), hacer real la deci­sión de ser feliz, encon­trar la verdad.

¿Qué dimen­sión del carisma de com­pa­sión más te impacta?

La com­pa­sión nos mues­tra la ver­da­dera rea­li­dad del ser humano detrás de ese humano que ten­de­mos a eti­que­tar, detrás de un delin­cuente, de un dro­ga­dicto, de un enfermo, de un artista, de un niño aban­do­nado, de unos padres vio­len­tos, hay un humano que con­mueve que a pesar de todas las cosas malas que podría llegar hacer y hace, la com­pa­sión coloca el acento en todas las cosas buenas que esa per­sona es. Sin duda esto es lo que más me impacta, saber que Dios nos quiere, porque confía aun en la bondad del hombre, aunque noso­tros pen­se­mos que la hemos per­dido.

¿Te toca ir a El Sal­va­dor, como reci­biste este des­tino?

Puntos Cora­zón me regalo mi Tierra de El Sal­va­dor, así que lo tome como un gran regalo, fui dis­po­ni­ble a la volun­tad de otro, Dios. Cuando fui cono­ciendo este pueblo, me fui ena­mo­rando, un pueblo con tanto dolor, tan vio­len­tado, peque­ñito en Centro Amé­rica, me ha ido cau­ti­vando, por su espi­ri­tua­li­dad y sus colo­res, sus arte­sa­nía y su his­to­ria Lati­noa­mé­rica de con­quista, y gue­rras civi­les. Viviré en una colo­nia (pobla­ción) con 5 misio­ne­ros por un año y medio, me dejaré tocar por la mano de El Sal­va­dor, que su propio nombre es una gran ben­di­ción para mí escon­diendo desde ya muchos sig­ni­fi­ca­dos.


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