• 14 de noviembre de 2012
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“Una noche folklórica : un corazón que vibra”

Tres estu­dian­tes Maca­rena, Con­suelo y Gon­zalo se encon­tra­ron con el padre Lorenzo Pavec de Puntos Cora­zón al momento de una misión uni­ver­si­ta­ria, misión país en 2010 en la ciudad de Arica. Además de ver surgir una linda amis­tad entre nues­tros tres amigos y el padre Lorenzo, para este fue tam­bién una reve­la­ción escu­char por la pri­mera vez la voz de Maca. Y des­pués de dos años, un acon­te­ci­miento iba a dar más ampli­tud toda­vía a esas amis­ta­des así como tam­bién al talento de Maca, fal­taba sola­mente des­cu­brir la opor­tu­ni­dad.

Cada año sole­mos orga­ni­zar un con­cierto a bene­fi­cio del Movi­miento Puntos Cora­zón. Este año, pare­cía opor­tuno armar un con­cierto de música fol­kló­rica con ella. Es cierto, ella nunca había can­tado sino en foga­tas con amigo. Además de no saber cual banda nos podría ayudar, no tenía­mos ni idea tam­poco de cómo un con­cierto de ese estilo podría ser posi­ble. Por lo tanto ese pro­yecto de con­cierto a bene­fi­cio con Maca resul­taba una mera locura. Sin embargo, fe y auda­cia andan muy a menudo por la mano y eso no nos decep­cionó, más aun fue una suce­sión de sor­pre­sas que per­mi­tie­ron la con­cre­ti­za­ción de este acon­te­ci­miento. Y des­pués de un tiempo, una nueva banda se formó con María José, her­mana de Maca­rena, Arturo, her­mano de Gon­zalo, otro amigo “Qui­que”, y como Mana­ger : Con­suelo.

El día del con­cierto, muchos fueron por sim­pa­tía a Puntos Cora­zón o por los artis­tas mismos, pero sin expec­ta­ti­vas muy altas res­pecto al nivel del con­cierto. Sin embargo, desde las pri­me­rí­si­mas notas de “Vol­ver a los die­ci­siete” con las voces de Maca­rena y de su her­mana María José, el público pare­cía sub­yu­gado. Al momento del entre­acto, mien­tras se servía un rico cóctel, los comen­ta­rios posi­ti­vos no fal­ta­ron. Para unos fran­ce­ses pre­sen­tes, este con­cierto fue el des­cu­bri­miento del fol­clore chi­leno (Vio­leta, San­tiago del nuevo Extremo, Inti-Illi­mani…) hasta apa­sio­narse de nuevo por una cul­tura con la cual con­vi­vían sin cono­cerla. Algu­nos chi­le­nos se ima­gi­na­ban un funda buena onda pero nada más que eso y salie­ron entu­sias­ma­dos, sor­pren­di­dos. No se lo espe­ra­ban. Se anti­ci­paba enton­ces una segunda parte inten­siva, y lo fue. El público era muy entu­siasta como si fuera el alma de un pueblo que se había des­per­tado al escu­char la voz de Maca­rena, al escu­char esa música her­mosa que pare­cía haber nacido de la tierra, de nues­tras raíces, pro­vo­cando lo mejor de nues­tro cora­zón.

Un amigo nos confía al final del con­cierto: “la voz de esa chica te des­pierta de nuevo el gusto por la vida, te hace amar de nuevo toda la rea­li­dad”.

TB

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