• 7 de mayo de 2012
es

¡Una ordenación diaconal a la chilena!

Denis, con su amigos de San Norberto

¡Qué bueno fue vivir la orde­na­ción dia­co­nal de Denis en medio de nues­tro barrio, en medio de nues­tro pueblo, en medio de aque­llos con quie­nes com­par­ti­mos la vida desde hace más de tres años! En la vigi­lia de la orde­na­ción, el vier­nes 2 de diciem­bre, orga­ni­za­mos un encuen­tro con algu­nos amigos de la Cató­lica en el patio de nues­tra casa en Macul. Allí, el Padre Thie­rry de Roucy, fun­da­dor de nues­tro movi­miento, nos pre­sentó a Steve Jobs. Lo más impac­tante fue des­cu­brir cómo a partir de la pasión de este hombre sur­gie­ron inno­va­cio­nes e ideas, per­se­ve­ran­cia en el tra­bajo y una aguda preo­cu­pa­ción en anti­ci­par los deseos del hombre. Tal pasión, con­ver­tida en la vida cris­tiana, ten­dría que revo­lu­cio­nar el mundo. El Padre Thie­rry nos ayudó a tener una mirada más amplia sobre Steve Jobs, que no redujo su acción a una fina­li­dad mera­mente mer­can­til, sino más bien trató de entre­garse a sí mismo ple­na­mente en lo que más quería.

En la noche, en la Capi­lla San Nor­berto de Macul, el Padre Thie­rry nos invitó a con­tem­plar el sen­tido pro­fundo del dia­co­nado según San Juan. El día iba ter­mi­nán­dose con la ado­ra­ción al San­tí­simo mien­tras nues­tros cora­zo­nes pare­cían ya diri­girse hacia el mis­te­rio del sacra­mento que reci­bi­ría Denis el día siguiente.

El sábado 3 de diciem­bre, en la Capi­lla Santa Elena, al lado del Esta­dio Monu­men­tal, Mon­se­ñor Ezzati, arzo­bispo de San­tiago, cele­bró la orde­na­ción en pre­sen­cia de muchos amigos: veci­nos, feli­gre­ses, miem­bros de la comu­ni­dad fran­có­fona, de la pas­to­ral del deporte, com­pa­ñe­ros de la uni­ver­si­dad, en fin, rodea­dos de fami­lia­res. Una vez con­cluido el rito de la orde­na­ción, nues­tro nuevo diá­cono fue pre­sen­tado a la asam­blea y, en medio de una lluvia de aplau­sos, nues­tro obispo confió a Denis: «¡in­creí­ble como lo quie­ren!». Luego, con alre­de­dor de dos­cien­tas per­so­nas, com­par­ti­mos un almuerzo durante el cual no fal­ta­ron peque­ños dis­cur­sos, así como tam­poco el vino chi­leno, acom­pa­ñado de cantos fol­kló­ri­cos con voces her­mo­sas. Todo eso fue rea­li­zado gra­cias a muchas manos gene­ro­sas que se entre­ga­ron para hacer posi­ble este acon­te­ci­miento. Y aquí enton­ces tienen todos los ingre­dien­tes para vivir una orde­na­ción a la chi­lena.


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