• 13 de marzo de 2014
es

Una verdadera ascesis para la Cuaresma.

Padre Lorenzo Pavec

Al empe­zar la cua­resma, para enten­der mejor este tiempo litúr­gico me gus­ta­ría que nos pre­gun­te­mos :

¿Te­ne­mos una clara con­cien­cia de que por el bau­tismo somos hijos amados del padre ? ¿Nos damos cuenta que Cristo dio su vida por nues­tra sal­va­ción? ¿Por noso­tros? ¿Por mi? ¿Acaso corres­pon­de­mos a la pasión de Dios por nues­tra exis­ten­cia? ¿Sa­be­mos res­pon­der al amor incon­di­cio­nal y mise­ri­cor­dioso que la Tri­ni­dad Santa no deja de pro­di­gar? ¿Somos de verdad ena­mo­ra­dos de Dios?

Un breve examen de con­cien­cia, algu­nos segun­dos de sin­ce­ri­dad en lo intimo del cora­zón, nos obliga a con­tes­tar nega­ti­va­mente a estas pre­gun­tas. Si un novio no deja de pensar en su amada, tiene a su foto en su car­tera; la madre esta siem­pre inquieta de las nece­si­da­des de sus hijos, de sus penas… ¿Acaso pode­mos decir lo mismo de nues­tra rela­ción con Dios ? ¿Sera tan pre­sente en nues­tra vida, tan que­rido ? ¿De­sea­mos lo que El desea? Hemos de reco­no­cer que somos cons­tante hijos pró­di­gos, que dejan a su padre botado…

PERO – he aquí un gran PERO !!- hijos pró­di­gos en camino de vuelta a la casa del Padre. Esta­mos enfer­mos, somos peca­do­res… pero por aque­llos enfer­mos y peca­do­res ha venido Cristo. Esta­mos aquí y Lo que­re­mos seguir, que­re­mos cam­biar, que­re­mos amar, y aque­llo requiere un sacri­fi­cio, una asce­sis, pero no enten­dida como con­junto de reglas exte­rio­res que tuvié­ra­mos que seguir de manera fari­saica solo para ser “buenos cris­tia­nos”.

La asce­sis que esta­mos lla­ma­dos a vivir es una asce­sis desde Cristo y en Cristo. Para enten­derla mejor hemos de con­tem­plarla desde sus cuatro aspec­tos.

  • Esta ascesis es una ofrenda de si mismo. Es darse a Dios, querer entregarse a El, es un gesto que expresa y educa nuestro amor. Ofrecerse es decir: «¡Soy tuyo Señor!», es reconocer que Dios es el Señor de nuestra vida, de nuestra historia. El amor verdadero lleva en si un absoluto. No podemos decir seriamente "¡querida, te quiero a 50%, no está nada mal !" A nadie le puede satisfacer este tipo de frases!
  • La segunda dimensión es la misericordia. No hay nada peor que creer que somos buenos cristianos porque hemos sido fiel a nuestras buenas intenciones. Me acuerdo de un santo sacerdote que aconsejaba por resolución de cuaresma el “ayuno de palabras inútiles” una resolución por supuesto imposible cumplir. ¿Para que elegir tal ascesis? Para experimentar la misericordia del Padre. Para El, estas caídas no son nunca sorpresas, nos conoce y así nos amó, así nos ama.
  • El tercer aspecto de la ascesis es que se vive en una cierta humillación causada por nuestros limites. Somos purificados como oro al crisol… Cada experiencia de confesión muy bien lo manifiesta. Entrar en la fila de los penitentes ya es humillante (ya no hay privilegios: ¡somos como cualquier pecador!). Acusarse, escuchar la exhortación del sacerdote, recibir la absolución, es una dolorosa experiencia de fragilidad. Somos unos pobres pecadores entre tantos en camino hacia la salvación.
  • La ultima dimensión que quisiera abordar es la confianza. Es decir nuestra fe en un cambio que va a ocurrir, que nuestra conversión ya ha empezado, que la fuerza de la resurrección esta obrando en nosotros. Cuando hablo de cambio, quiero hablar de esta semilla que crece de manera desapercibida y se vuelva planta, hablo de nuestro camino en la fidelidad a Su Amor que nos permite vivir plenamente nuestro ser profundo.

Para vivir este camino de con­fianza, esta ofrenda, estas humi­lla­cio­nes y esta mise­ri­cor­dia, sepa­mos diri­gir­nos a María : en ella como nadie pode­mos con­tem­plar la obra del amor de Dios en un ser humano.

P.Lorenzo Pavec

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