• 1ro de octubre de 2011
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Una vocación «evidente y atrayente»

Eduardo y Clemente, ordenados en junio de 2011

El 26 de junio fueron orde­na­dos en Toulon (Fran­cia) quince nuevos sacer­do­tes. Entre ellos Eduardo (Isla Mau­ri­cio) y Cle­mente (Fran­cia) serán orde­na­dos como miem­bros del Movi­miento Puntos Cora­zón. En una entre­vista mutua, nos dan el tes­ti­mo­nio de este evento.

Eduardo: ¿Qué te ayudó y te sigue ayu­dando a con­ver­tirte en un sacer­dote hoy día?

Cle­mente: No dudo de la impor­tan­cia que tuvo la ora­ción de mi abuela que tanto deseaba un nieto sacer­dote. Luego, hay gran­des figu­ras de sacer­do­tes que han ins­pi­rado y acom­pa­ñado mi camino: San Juan, el dis­cí­pulo amado; San Damián de Molo­kai; San Juan María Vian­ney; Beato Juan Pablo II, sacer­dote libre y aca­bado. Además de estos amigos del cielo, tengo la suerte de tener a mi lado núme­ros ros­tros de sacer­do­tes que hicie­ron que mi voca­ción sea evi­dente y atra­yente.

E. : ¿Habrá un lazo entre tus estu­dios de cien­cias polí­ti­cas y tu con­sa­gra­ción ?

C. : De pri­mera pare­ciera que no, sin embargo, es en parte por eso que fui nom­brado repre­sen­tante de Puntos Cora­zón en la ONU. Una de las carac­te­rís­ti­cas de la vida en la Igle­sia es de no con­tra­po­ner nada. Así, todo lo que soy, mis com­pe­ten­cias están pues­tas al ser­vi­cio de esta con­sa­gra­ción. Y des­cu­bro poco a poco que he sido pre­pa­rado mis­te­rio­sa­mente a través de mi fami­lia, de mi edu­ca­ción, de mis estu­dios, de mis amis­ta­des, de mis deseos, de mis inte­re­ses y hasta en el estu­dio de las cien­cias polí­ti­cas.

C. : Tuvi­mos luego un largo camino en el semi­na­rio, ¿Cuál fue tu mejor recuerdo de estos años de for­ma­ción hacia el sacer­do­cio?

E. : Las amis­ta­des que he podido vivir, tanto dentro de mi comu­ni­dad, como con los amigos que visi­ta­mos, y en el semi­na­rio donde iba a estu­diar. Una anéc­dota: los domin­gos por la noche, mien­tras vol­vía­mos a nues­tros cuar­tos del semi­na­rio de Paraná (Argen­tina) donde está­ba­mos en pen­sión… iba a ver a Este­ban y com­par­tía­mos un buen rato nues­tros des­cu­bri­mien­tos y encuen­tros del fin de semana. Durante estos años de for­ma­ción, cada amis­tad pro­funda me ayudó.

C. : ¿Pue­des hablar­nos de algún encuen­tro que te con­fir­mara en tu voca­ción ?

E. : Puedo decir que casi todos los días en Chile, donde viví mi minis­te­rio dia­co­nal, las per­so­nas encon­tra­das (los enfer­mos que visito cada semana, los adul­tos mayo­res, los jóve­nes de la parro­quia o de la uni­ver­si­dad) me ponen de nuevo frente a la belleza y a la gran­deza de mi lla­mado. Saben reco­no­cer la misión del sacer­dote y lo ayudan a ser lo que es de verdad.

E. : Te man­da­ron a Aus­tria, otro país de Europa. ¿Habrá una nece­si­dad espe­cial en Europa?

C. : Me parece que mucha gente en Europa sufre un mal muy grande. No tienen fe en nada mayor que la razón razo­nante y cien­tí­fica que los gobierna más de lo que ellos mismos la gobier­nan. No hay espe­ranza sino en la riqueza, en el poder o… en la jubi­la­ción. Allí la jus­ti­cia es pre­fe­rida a una cari­dad que se ha vuelto sos­pe­chosa y el amor ya no es más que una emo­ción. Sin fe, sin espe­ranza, sin cari­dad, en una pala­bra, sin la gracia de Dios, la bús­queda de sen­tido se vuelve una herida abierta… Creo que hace falta un bál­samo para ali­viar este dolor, una com­pa­sión, una pre­sen­cia.

C. : ¿No sería de algún modo el sen­tido de la frase que ele­gi­mos* para nues­tro parte de orde­na­ción ? *" Entiendo cada vez mas que es verdad, que en la gran diver­si­dad de voca­cio­nes en la Igle­sia, hace falta esta voca­ción excep­cio­nal, este apos­to­lado de la pre­sen­cia, para ser tes­ti­gos de la verdad, de la rea­li­dad de Dios, de Dios que no puede ser expre­sado con nin­guna pala­bra humana. "

E. : Tienes razón, esta frase del beato Juan Pablo II expresa muy bien la misión de Puntos Cora­zón. Tene­mos un lugar espe­cial en el seno de la Igle­sia: ser una pre­sen­cia de com­pa­sión y un signo de esta Pre­sen­cia de Dios que cada hombre nece­sita. Esto se vive de manera muy sen­ci­lla en rea­li­da­des diver­sas: con los más pobres, en una parro­quia, en la uni­ver­si­dad, en la empresa, en el ámbito polí­tico o cerca de los artis­tas.


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