• 28 de abril de 2015
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Video: Myriam, una luz de Oriente

Myriam

Myriam, una niña iraquí de 10 años, tuvo que huir de la ciudad de Qara­qoush con su fami­lia, per­se­gui­dos por el Estado Islá­mico hace cinco meses. En su cam­pa­mento de refu­gia­dos, encuen­tra un perio­dista del canal SAT7a­ra­bic. Un video impac­tante por la fe, la sim­pli­ci­dad y la espe­ranza de Myriam.

A la pre­gunta «¿qué sien­tes frente a los que les echa­ron de sus casas y les hicie­ron la vida tan dura?», Myriam con­testa espon­ta­nea­mente: «No siento ningún rencor, solo quiero que Dios los per­done» dejando sin voz al perio­dista.

En medio de la per­se­cu­ción, los cris­tia­nos de Iraq son una vez más, ver­da­de­ros maes­tros para noso­tros. Su capa­ci­dad de per­do­nar no es el fruto de un esfuerzo per­so­nal sobre­hu­mano. Tam­poco es el resul­tado de una bús­queda inte­lec­tual de Dios o de un mora­lismo. Como lo vemos en este video, todo en ellos habla de un Dios «Ya pre­sente» que lleva por su pre­sen­cia misma, todos los que creen en Él a acoger la rea­li­dad con una con­fianza y un aban­dono total. Su punto de par­tida no son los acon­te­ci­mien­tos, sino una expe­rien­cia de comu­nión con Dios que les per­mite vivir con espe­ranza todo acon­te­ci­miento. Así, cuando el perio­dista le pre­gunta «Si Dios quiere, lo impor­tante no es lo que que­re­mos noso­tros sino lo que El quiere pues El sabe lo que es bueno para noso­tros. A veces lloro porque deja­mos nues­tra casa de Qara­qoush pero no le tengo rencor a Dios por haber dejado Qara­qoush. Le agra­dezco porque no dejó de cui­dar­nos. Aunque sufri­mos, fuimos humi­li­a­dos, El nunca a dejado de cui­dar­nos.»

«Dios nos ama a todos, no solo a mí, Dios ama a todo el mundo... No me aban­dona nunca, si cree­mos de verdad, nunca nos dejará desam­pa­rado.» Myriam, par­tiendo de Cristo como el centro de su vida, con esa fe y ese amor, acoge a todo en un gran aban­dono. Por con­si­guiente, hay como una bondad que brota de su mirada sobre lo que la rodea, una bondad que le da una fuerza y una liber­tad inte­rior capaz de ver la belleza y la pre­sen­cia de Dios a pesar de las atro­ci­da­des, el sufri­miento de la guerra. Una bondad que le da la liber­tad de amar hasta sus ene­mi­gos. Partir de Dios para acoger todo acon­te­ci­miento y no buscar a traves de los acon­te­ci­mien­tos a alcan­zar a Dios es quizas la gracia de Oriente y su men­saje para el mundo de hoy.

J. Khoury

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