• 17 de noviembre de 2011
es

Vivir la compasión en la vida cotidiana

Compromiso de Amy en la Fraternidad San Maximiliano Kolbe

Cuando en 2009, una de nues­tras volun­ta­rias nor­te­a­me­ri­ca­nas volvió de su misión en Hon­du­ras, una nueva etapa se abrió para nues­tra fami­lia Puntos Cora­zón en EEUU. Amy, segura de sentir un lla­mado a con­ti­nuar viviendo del mismo carisma que la había habi­tado y trans­for­mado durante su misión, pidió com­pro­me­terse en la Fra­ter­ni­dad San Maxi­mi­li­ano Kolbe, (¡qué aún no exis­tía en EEUU!) 
Ese paso de con­fianza y de fe, ha abierto las puer­tas para que otros se aven­tu­ren tam­bién. Este año, cuatro nuevas per­so­nas se han unido a Amy: señora Kath­leen, doctor y señora Sutton, amigos los tres del Punto Cora­zón de Broo­klyn, y Michael, ex volun­ta­rio en Brasil.

Michael nos com­parte lo que este com­pro­miso sig­ni­fica en su vida: «Cuando decidí ser misio­nero con Puntos Cora­zón, pensé que me estaba com­pro­me­tiendo sim­ple­mente a una misión de un año en Suda­mé­rica; pero lo que ter­miné reci­biendo ha sido una vida y una fami­lia. Mi año de misión en Brasil me dio una nueva manera de mirar la rea­li­dad – una mirada con­tem­pla­tiva que puede reco­no­cer la gene­ro­si­dad de Dios en cada momento y a Cristo pre­sente con­cre­ta­mente en los demás. Y esta mirada trans­formó radi­cal­mente mi vida aquí en Esta­dos Unidos. Com­pro­me­terme en la Fra­ter­ni­dad San Maxi­mi­li­ano Kolbe sig­ni­fica al mismo tiempo reco­no­cer que debo a Puntos Cora­zón lo que soy y pene­trar más pro­fun­da­mente este carisma para per­mi­tirle que me siga for­mando.

La familia SuttonEn un cierto sen­tido, este com­pro­miso sig­ni­fica muy poco: un rosa­rio diario, un apos­to­lado sema­nal, y un retiro anual. Sin embargo, el carisma es mucho más que la acti­vi­dad espe­cí­fica que genera: es una manera par­ti­cu­lar de rela­cio­narse con Cristo, de quien brotan dichas acti­vi­da­des. Ser parte de la Fra­ter­ni­dad quiere decir que per­te­nezco a un lugar con­creto dentro de la Igle­sia. A pesar de que, exte­rior­mente, mi vida no cambia en nada, siento que se trata de una opción mucho más radi­cal que la que tomé cuando decidí partir como misio­nero. Este com­pro­miso sig­ni­fica reto­mar todo mi tiempo de misión en Brasil y volver a decirle Sí, decir Sí a con­ti­nuar un camino que ha estado lleno de sufri­miento y de belleza, decir Sí a per­ma­ne­cer con María al pie de la cruz y ofre­cer mi propio “Fiat” dentro del Suyo.

El mis­te­rio al que estoy con­sin­tiendo con este com­pro­miso, es mucho más grande de lo que alcanzo a com­pren­der. He pasado un año pene­trando este mis­te­rio en Brasil, y al decir Sí a la Fra­ter­ni­dad, estoy diciendo cons­cien­te­mente Sí, no a un año o a una aven­tura misio­nera, sino a un espí­ritu de humil­dad y peque­ñez con el que espero que toda mi vida sea impreg­nada.»


Volver